A sus 58 años, don José Cobo es uno de los cardenales más jóvenes de la Iglesia, al frente de una archidiócesis de importancia mundial: Madrid. Como muchos hombres de Iglesia sabe que vivimos en una etapa históricamente especialísima. Se niega a definirlo como un tiempo apocalíptico pero sí habla de un tiempo nuevo distinto al que la Iglesia haya vivido jamás... lo cual ya da pistas. 

Al tiempo, en la entrevista con Hispanidad, el cardenal Cobo navega en la paradoja de los católicos de hoy, un tiempo en el que parece cumplirse la tremenda profecía de Cristo: "Cuando vuelva el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?", combinado con una Iglesia empequeñecida pero más formada. Nunca he sabido si, aún siendo cierto, esto no es sino un triste consuelo de perdedor. Sólo sé que no quisiera estar en su lugar.

Atención a su respuestas sobre el Valle de los Caídos y sobre las apariciones de Garabandal.

¿Supresión de las eucaristías durante la pandemia? No sé si fue bueno o malo. Se hizo como mejor se supo valorar en aquel momento

-En su homilía de la Almudena, habló usted del Apocalipsis y dijo que esa profecía de plenitud ya empieza a despuntar hoy. Para romper el hielo: ¿la segunda Venida de Cristo está próxima? 

-Ya está aquí. Ahora vamos a vivir el Adviento. Cristo vino una vez y está viniendo, ya hay signos que lo anuncian. Yo creo que hay semillitas y chispas que nos lo dicen. Sí, creo que está llegando. No es un fin de ciclo apocalíptico pero estamos sí en un cambio de época, en un tiempo nuevo al que apuntan escenarios que el cristianismo nunca ha vivido. Ahora mismo estamos en un antropología sin Dios que no entiende el mensaje de Dios. Estamos en otro espacio y muchas de las cosas que tenemos ya no nos valen. 

-Durante los últimos años los obispos han abandonado a los fieles ante leyes como las de ampliación del aborto, eutanasia, transexualidad, educación... ¿no ha habido demasiado silencio por parte de los obispos?

-Es que los políticos no tienen que marcarnos la agenda a los obispos. Eso es una trampa, la de tener que salir a emitir juicios sobre la realidad política. La iglesia tiene que anunciar el sentido de la vida. La voz de los obispos es formar a los laicos que están en la política para que ellos tomen las decisiones políticas. La labor de la Iglesia es iluminar para que se tomen esos juicios políticos, pero no para estar continuamente en la refriega política. Nosotros damos principios generales. Lo nuestro es esa tarea de fondo. 

 

 

 

-Los confesionarios están criando telarañas...

-Es un test pero no es el único. Por ejemplo, ahora mismo comulga menos gente que hace 60 años, pero ahora comulgan con otro convencimiento. Ahora mismo hay un cristianismo mucho más convencido. Hace 60 años la gente venía a misa sociológicamente. 

-Pero confiesan menos

-¿Eso quién lo dice? Porque también tenemos celebraciones penitenciales. Además, no tenemos un contador y lo que verifica la vida cristiana no es el número de comuniones, eso es un signo más. Ahora mismo hay comunidades con muchas más convicciones. Puede haber menos número pero más calidad de vida cristiana. Pasamos de un cristianismo muy sociológico, que sólo mira confesiones y comuniones, a un cristianismo de más calidad y más comunitario y... más minoritario.

¿Es el momento de volver a administrar  la comunión en la boca y de rodillas? Eso es un aspecto circunstancial

-Durante la pandemia se suprimieron las eucaristías públicas, ¿eso fue bueno o malo?

-Fue una medida excepcional en un momento excepcional. No sé si eso bueno o es malo pero aquel momento fue muy duro, un momento de pánico de la sociedad... nunca hemos tenido algo así. No lo sé si fue bueno. Lo que sé es que si no se hubieran suspendido habría sido entendido como una provocación. Pero también hubo mecanismos preciosos, como los grupos de oración o las parroquias abiertas para que los que quisieran pudieran venir a rezar. ¿Se hizo bien? Se hizo como mejor se supo valorar en aquel momento. 

-¿No es el momento de volver a administrar la comunión en la boca y de rodillas?

-Eso es un aspecto circunstancial. Las formas han cambiado radicalmente a lo largo de la historia. Lo que se ha sostenido es la Eucaristía. Ahora mismo, el cristiano convencido sí valora la Eucaristía. En Madrid, la celebración de la Eucaristía es digna y muy valorada, el eje de nuestras comunidades. ¡La cantidad de misas que hay en Madrid! y si hay tantas es porque la gente va.

Valle de los Caídos: defender sanamente nuestra presencia allí: es lo que vamos a hacer, como hemos hecho siempre

-Una de sus primeras manifestaciones como Nuevo cardenal Arzobispo de Madrid fue cuando le preguntaron por el Valle de los Caídos. Sorprendió usted con una palabra: inviolabilidad del recinto sagrado de la Basílica. El Gobierno se empeña en la 'resignificación' del Valle: acabar con la cruz y expulsar a los benedictinos. ¿Dónde estamos?

-Pues estamos en que mantenemos los contactos con la comunidad benedictina y estamos donde estábamos. Es una propiedad del Patrimonio del Estado y la Iglesia respeta las decisiones de este gobierno y de cualquier otro. La Iglesia ha sido ahí porque un gobierno le ha llamado. La Iglesia acepta el papel del Estado, pero lo que sí es cierto es que ahí hay un templo y la abadía tiene nuestro ordenamiento jurídico que le otorga un reconocimiento. Ahí hay una abadía que tiene su estatus y esto es lo que la Iglesia defiende. 

 

 

-Pero, ¿la Iglesia de Madrid se va a plantar si el Gobierno Sánchez insiste en echar a los benedictinos?

-La Iglesia tiene jurisdicción limitada sobre el Valle: es sólo pastoral. La jurisdicción de la Abadía depende de los benedictinos y la jurisdicción del templo, como basílica, depende de los acuerdos Iglesia-Estado. El tema del Valle debe ser tratado con la Nunciatura, con la Conferencia Episcopal, con el Obispado de Madrid y con la abadía. Defender sanamente nuestra presencia allí: es lo que vamos a hacer como hemos hecho siempre. 

Ahora bien, la Iglesia debe evitar la instrumentalización del Templo para otros fines que no sean los religiosos. No me gustaría que el Valle fuera un balón ideológico para instrumentalizar a la Iglesia, a favor y en contra. Ahí hay una comunidad para rezar por la paz de un país que ha pasado por momentos muy duros.

¿España ha dejado de ser católica? Posiblemente. Somos menos pero más significativos

-Revelaciones extraordinarias, que hoy en día parecen proliferar. ¿Hay que prestarles atención? 

-A lo extraordinario hemos de tratarlo como tal. A veces estamos más pendientes de lo extraordinario que de lo ordinario. Ante un hecho extraordinario, la Iglesia recomienda prudencia, largo discernimiento y contextualizarlo en la comunidad. La misión de la Iglesia es superior a la revelación de una persona.  

Ante la revelación de lo extraordinario, escuchar, dar tiempo y evitar personalismos. No pueden servir para que nos separemos de la Iglesia. 

-En este punto, ¿las apariciones de Garabandal son un invento o es sobrenatural? ¿Debemos creer en Garabandal? ¿Es de Dios o es de los hombres?

-Yo creo que está en proceso de discernimiento, que son largos y, mientras tanto, el bien que pueda hacer Garabandal a la Iglesia pues que lo siga haciendo. En los procesos de discernimiento lo importante no es el sello oficial sino acompañar lo que allí sucede y allí suceden cosas buenas. Lo extraordinario siempre exige discernimientos largos, de varias generaciones.

Garabandal es un acontecimiento que no conozco en profundidad pero sí es verdad que la Iglesia está acompañando lo que allí sucede, que allí hay acontecimientos de conversión, de vida cristiana... ¡pues adelante!, como se ha hecho siempre. Lo cierto es que si allí suceden cosas de Dios... ¡pues adelante!

Si en Garabandal hay acontecimientos de conversión, de vida cristiana... ¡pues adelante!, como se ha hecho siempre. Lo cierto es que si allí suceden cosas de Dios... ¡pues adelante!

-Informe del Defensor del Pueblo sobre pederastia clerical. Se ha presentado una encuesta como si fuera una certificación para concluir que son 445.000 los menores abusados. La Iglesia ha dicho que esa cifra es mentira pero, al mismo tiempo, que colaborará con el Señor Gabilondo. ¿Colaborar con qué? ¿Con una calumnia?

-Ya nos sorprendió que el Parlamento pidiera una informe específico sobre la pederastia eclesial. Pero, de entrada, dijimos que íbamos a aprovechar la oportunidad. Cuando Gabilondo y su equipo presentaron el informe ya dejó claro que no había que extrapolar el informe demográfico, creo que la extrapolación ha venido por parte de algunos periodistas.

En cuanto a la Iglesia el asunto es muy doloroso. Lo que a nosotros nos importa es que allá donde hay víctimas hay que escucharlas y lo que más nos duele es que hay cristianos que hayan perdido a Dios por esto. Las indemnizaciones, y todo lo demás, es secundario.

-Las vocaciones están en caída libre

-Es que somos menos. Laicos y curas. Estamos en un momento de cambio de época.

-¿España ha dejado de ser católica?

-Sí, posiblemente. la verdad es que no lo sé, porque no sé en qué consiste que España deje de ser católica, porque los Estados no son católicos, lo son las personas. ¿Hay menos católicos hoy que hace 50 años? Sí, pero luego contemplo la Fiesta de la Almudena, las procesiones de Semana, Santa, la asistencia dominical a misa... seremos menos pero más significativos.