De momento, la convivencia entre las entidades financieras tradicionales y los neobancos está siendo pacífica, desde el punto de vista de la competencia. Mientras los bancos tradicionales ponen el foco en hipotecas y nóminas, sus hermanos digitales se centran en la remuneración del ahorro y la inversión. Así, mientras cada uno compite con sus iguales, mantiene cierta distancia con el otro subsector.

¿Por qué los grandes bancos españoles, con todo el potencial que tienen, no entran en el cuerpo a cuerpo con los neobancos? Por una sencilla razón, que se resume en seis palabras: poque no les merece la pena.

Vayamos por partes, como diría Jack el destripador. Una fuente importante de ingresos de la banca tradicional son los fondos de inversión. Y es importante porque no depende de la rentabilidad de los fondos en cuestión, sino de las comisiones que cobra el banco: unos 5.500 millones de euros anuales, según Carlos Aso, consejero delegado de Andbank y fundador de Myinvestor, que participó en el curso de verano de la UIMP y la Apie, en Santander.

Pues bien, si la gran banca tuviera que competir con los neobancos en este terreno, por ejemplo, porque los clientes consultaran masivamente a la IA, que suele aconsejar lo más barato, pasarían a ingresar sólo 1.500 millones por estas comisiones. En otras palabras, dejarían de ingresar unos 4.000 millones de euros anuales.

Pero las cifras serían todavía más significativas si nos fijamos en la remuneración del ahorro, históricamente bajo en los bancos tradicionales, en España. Así, gracias a que la remuneración de los depósitos de los hogares está en el entorno del 0,5%, con un tipo de interés del 2,25%, la banca retiene cada año unos 20.000 millones de euros.

Sólo igualar la remuneración de un neobanco (en el entorno del 1,7%), la gran banca tradicional pasaría a ingresar 5.700 millones de euros, esto es, dejaría de ingresar 14.300 millones, según Aso. Conclusión: no les merece la pena entrar en esa guerra.

Peor aún, para compensar esa pérdida de ingresos, los grandes bancos tendrían que reducir sus costes hasta un 70%, lo que implicaría cerrar todas las oficinas y reducir un 50% el resto de costes. Tranquilos, no sucederá… de momento, aunque lo cierto es que la IA lo está acelerando todo.