Keir Starmer ha hecho un ‘Sánchez’ este martes y se ha atrincherado en Downing Street a pesar de las presiones dentro de su partido, y también de su gobierno, para que dimita. La clave, los catastróficos resultados de las elecciones locales del pasado jueves en las que unos 1.500 concejales laboristas perdieron su empleo.

La crisis es muy profunda, hasta tal punto que dos ministros de su propio gobierno le han pedido que dimita. Él, sin embargo, se aferra al puesto apelando a la responsabilidad de agotar su mandato… a pesar de que el pueblo le ha dicho en las urnas locales que prefiere a otro. En otras palabras, se ha marcado un ‘Sánchez’, algo que empieza a ser habitual en líderes de la izquierda… si es que alguna vez dejó de ser habitual.

A Starmer, sin embargo, le podría echar su propio partido, si el 20% de los parlamentarios laboristas lo solicita, esto es, 81. De momento, los ‘rebeldes’ son 79. “El Partido Laborista cuenta con un procedimiento para destituir a un líder, y este no se ha activado”, afirmó un comunicado remitido este martes por el primer ministro.

Si llegasen a esa cifra mágica de 81, el partido convocaría primarias para elegir al nuevo líder del partido y el ministro de Sanidad ya ha filtrado que él estaría dispuesto a presentarse.

La que no ha estado dispuesta a continuar ha sido la secretaria de Estado de Vivienda, Comunidades y Gobierno Local, Miatta Fahnbulleh, que este martes presentó su dimisión. “El pueblo no cree que usted pueda liderar este cambio, y yo tampoco” afirmó en una carta dirigida a Starmer y publicada en los medios. “Por lo tanto, le insto a que haga lo correcto por el país y el partido, y establezca un calendario para una transición ordenada, de modo que un nuevo equipo pueda llevar a cabo el cambio que le prometimos al país”, señaló.

Jess Phillips, secretaria de Estado de la lucha contra la violencia machista, también dimitió este martes: "No puedo seguir desempeñando mis funciones como secretaria de Estado bajo el liderazgo actual", afirmó en una carta publicada en Sky News.

En Reino Unido ha bastado un mal resultado en las elecciones locales parciales en Inglaterra y regionales en Escocia y Gales, para provocar esta crisis en el Gobierno Starmer. En España, el PSOE de Pedro Sánchez lleva perdidas tres elecciones autonómicas con pocos meses de diferencia y, sin embargo, en el partido socialista no se mueve nadie. Ningún parlamentario ni ningún cargo de Ferraz se atreve, ni siquiera, a sacar un poco la cabeza, tampoco a la vista de los casos de corrupción que acechan al presidente y al propio partido.