Como recogió Hispanidad, Diageo registró un beneficio neto atribuido de 1.737 millones de dólares (1.505 millones de euros) al cierre de su año fiscal 2026, lo que supone una caída del 26,2% respecto al año anterior, según informó la empresa británica líder mundial de bebidas alcohólicas y dueña de marcas como Johnnie Walker, Tanqueray, Smirnoff o Baileys.
Las ventas netas supusieron 19.643 millones de dólares (17.014 millones de euros), un 3% menos.
Además, ha reducido su plantilla en casi 2.000 personas durante el último ejercicio fiscal: de los 29.860 empleados con los que comentaba, a 27.938 empleados.
La razón es reducir costes, en un contexto mundial de menor consumo de alcohol, debido a los cambios de hábitos de consumo, especialmente de los jóvenes, que fingieron bebidas espirituosas con menor frecuencia o en menor cantidad. Eso es bueno, claro, pero el puritaismo rampante no aboga por beber con moderación sino por la ley seca: eliminar todo tipo de bebidas alcohólicas, tanto las destiladas como las fermentadas.
Ese menor consumo de alcohol también se ha notado en la cerveza, que también lo ha sufrido. Aunque el cuarto grupo cervecero más grande del mundo, el danés Carlsberg, ha escapado, por el momento, a la mencionada tendencia puritana: vendió, hasta junio, 6.294 millones de euros, un 2,6% más. El volumen total comercializado por el grupo creció un 2,8%, mientras que el beneficio neto alcanzó los 574 millones de euros, un 6% más. Es decir, no venden mucha más cerveza pero la venden más cara.