La economía española crecerá un 2,3% en 2026 y un 1,7% en 2027, según el Informe Anual y las proyecciones macroeconómicas publicadas este jueves por el Banco de España, que mantienen las de marzo. Pero no conviene engañarse: el PIB crece porque somos más -por los inmigrantes-, no porque haya aumentado la productividad. De hecho, el propio BdE expone que la mitad del PIB entre 2022 y 2025 (1,7% aproximadamente) se explica por la llegada de inmigrantes.
En cualquier caso, las buenas noticias terminan ahí, porque la inflación subirá seis décimas este año, hasta el 3,6%, y una décima en 2027, hasta el 2,6%. Esto es muy preocupante porque no hay salario que aguante tanta subida de precios y el Gobierno, lejos de ayudar a los contribuyentes, los castiga todavía más no deflactando el IRPF.
Bueno, pero el empleo va bien, ¿no? Pues tampoco. Para empezar, porque las cifras oficiales no reflejan la realidad del paro, como hemos explicado en multitud de ocasiones en Hispanidad. Pero es que, además, según el BdE, el empleo se va a ralentizar y, aunque la tasa de paro vaya a cerrar en el 10% en 2026 -una décima menos de lo previsto en marzo-, en 2027 cerrará dos décimas por encima de lo previsto anteriormente, en el 9,8%. Lo relevante no es el porcentaje, sino el hecho de que se va a ralentizar a pesar del persistente aumento de la población inmigrante.
Otro de los aspectos que acechan a la economía española es la elevadísima deuda pública, que alcanzó un nuevo récord de 1,740 billones de euros en el primer trimestre y que seguirá aumentando peligrosamente. Llevamos años pagando los intereses de la deuda… con más deuda y eso es un suicidio.
Es de suponer que es uno de los puntos que más preocupa al Banco de España, pero nada más lejos de la realidad. José Luis Escrivá se limita a decir que “esta situación limita el margen de maniobra para hacer frente a las crecientes necesidades de gasto público asociadas al envejecimiento poblacional, la digitalización de la economía, la transición climática o los nuevos compromisos de gasto en defensa”, señala, para luego concluir que “resulta especialmente importante definir un plan de medio plazo compatible con la corrección de los desequilibrios, el crecimiento y la preservación de la cohesión social”. Y chin pum.
Donde sí se explaya con más entusiasmo es con la crisis de vivienda. Le dedica un capítulo entero. Según el BdE, hacen falta 750.000 viviendas nuevas en España para dar respuesta a la demanda actual. Intervenir los precios de manera general no es la solución, que conste, aunque sí puede ser necesario en algunos casos, según el BdE. En definitiva, se trata de aumentar la oferta facilitando la construcción de nuevas viviendas, algo que atañe tanto al Estado como a las comunidades autónomas y los ayuntamientos.