Todavía no hay un número oficial de salidas, pero podrían alcanzar las 3.000, es decir, alrededor del 15% de la plantilla del banco en España. El martes comenzaron las negociaciones entre la entidad que preside Ana Botín y los sindicatos. Las posturas están muy alejadas, como suele ser habitual en estos procesos, en los que la empresa plantea unos mínimos y los sindicatos, unos máximos y así, a la hora de firmar, ambos pueden apuntarse el tanto de haber conquistado alguna parcela de la otra parte.

Lo cierto es que, para empezar a hablar, el Santander ha puesto sobre la mesa las mismas condiciones que en el ERE de 2019-2020 y que incluyen prejubilaciones a partir de los 55 años. Sin entrar en los pormenores -la negociación no ha hecho más que empezar- sí podemos insistir en que las prejubilaciones son una ruina para la Seguridad Social y fomentan la vagancia. Además, enviar a casa a los trabajadores con más experiencia es como cerrar bibliotecas y precariza el empleo, porque lo que hacía el senior lo harán dos jóvenes con sueldos muy inferiores.

Por tanto, mal hecho por parte del Santander. Las prejubilaciones deberían estar prohibidas y más aún a partir de los 55. El planteamiento debería ser el contrario: penalizar al que se prejubila, por ejemplo, con un año menos de cotización cada día de prejubilación.

Las partes están muy alejadas, como hemos dicho antes, entre otras razones porque los sindicatos quieren incluir a los empleados de 50 años. ¿Se imaginan? Es cierto que hablamos de planteamientos máximo para luego ir reduciendo las exigencias durante la negociación, pero sólo plantearlo dice mucho de los sindicatos en particular y de la sociedad española en general.