La brillantez del Banco de España raya a gran altura. Mismamente, la subgobernadora, Soledad Núñez, nos informa de que invertir en criptomonedas puede suponer un riesgo. Incluso, fuentes de toda solvencia sospechan que el gobernador, el exministro José Luis Escrivá, empieza a albergar sospechas al respecto. Son muy astutos.

A más a más, también ve riesgos en la concentración de operadores de criptomonedas -o sea, intermediarios- y de la no operabilidad entre ellos.

Y esto es bello e instructivo, porque demuestra que el Banco de España, 17 años después del nacimiento del bitcoin, se percata de lo que algunos llevamos diciendo desde hace 16: que una moneda basada en una ecuación matemática no tiene defensa ante cualquier altibajo: no hay banco central que responda por él. 

En resumen, el bitcoin no tiene referencia pero tiene intermediarios. Hasta ahora, tendía a la especulación, ahora también tiende al monopolio: ¿no es genial?