La Reserva Federal y el Banco Central Europeo mantuvieron esta semana sin cambios los tipos de interés, a pesar del repunte de la inflación provocada por la guerra en Irán. Más de uno pronostica que si el conflicto se alarga más allá del verano, la inflación podría dispararse por encima del 5%. Ya veremos. En cualquier caso, tanto Jerome Powell como Christine Lagarde han preferido no tocar el precio del dinero.

Con ello, además, permiten que los gobernantes irresponsables -cuesta encontrar alguno que no lo sea- sigan aumentando la deuda pública alimentando así el riesgo de una crisis de deuda global.

Pero tranquilos, si la cosa se tuerce y siguen subiendo los precios y las empresas tienen que despedir al personal, siempre podrán echarle la culpa a la inteligencia artificial. La FED y el BCE nunca se equivocan.

Pero vamos a lo importante: la despedida de Luis de Guindos como vicepresidente del BCE. Efectivamente, la del jueves fue la última rueda de prensa del exministro español como número dos de Lagarde, antes del final de su mandato, el 1 de junio próximo.

El caso es que, tras su salida, Guindos no podrá ejercer determinadas actividades para evitar, por un lado, conflictos de intereses y, por otro, las famosas puertas giratorias, tan buscadas por algunos. Las restricciones, en todo caso, tienen un periodo máximo de dos años y están relacionadas con el sector financiero en general y con el BCE en particular.

Eso sí, sea cual sea su próximo destino profesional -Guindos sólo tiene 66 años-, durante los próximos dos años tendrá que contar con el visto bueno del BCE, cuyo comité de Ética podrá poner restricciones si lo considera oportuno por conflicto de intereses.

¿Ministro de Economía? Podría ser, aunque para eso sospechamos que tendría que gobernar el PP. Y Guindos tendría que aceptar, claro está. De momento, lo que ha hecho ha sido despedirse de la casa en la que ha estado desde el 1 de junio de 2018.