Cuando el bono estadounidense a 30 años, la mejor referencia para saber por dónde van los tiros ahora mismo, no dentro de tres décadas, avanza hacia el 6% de interés, algo que no ocurría desde principios de siglo, es que la agorera previsión de una crisis global de deuda pública que llevamos formulando en Hispanidad desde hace tiempo, empieza a ser más probable que posible.

Significa que eso que llamamos mercado y que es lo que en política se califica como pueblo soberano, ha dejado de fiarse del sector público, de ningún sector público, y exige al Estado, a todos los Estados, más rentabilidad que la que nunca le había exigido. Y eso que la gente no emprende y no sabe dónde invertir su dinero, pero...

La consecuencia final es buena, la resurrección, ya no digo del liberalismo, sino de la libertad económica, unida a una revalorización de la propiedad privada

Sí, lo que viene es una crisis de deuda pública, es decir, de déficit público y la consecuencia primera será una reducción, me temo que drástica, del Estado del Bienestar, nacido en 1945 y convertido hoy en un peso muerto insoportable para la economía y lo que es más importante, insufrible por la sociedad. Todo ello con unos gobiernos que se ensañan con los emprendedores y con los trabajadores más productivos mientras reparten paguitas para sostener el voto cautivo y un vademécum de principios enloquecidos que permiten sobrevivir a muchos parásitos 'jetadura' a costa de las clases medias, asfixiada por tasas e impuestos, hasta conformar una sociedad que piensa en la jubilación como en una liberación y en el esfuerzo creativo como en una tomadura de pelo y en un objeto de crítica permanente.

Eso sí, la consecuencia final es buena, la resurrección, ya no digo del liberalismo, sino de la libertad económica y una revalorización de la propiedad privada.

Pero mucho me temo que antes vamos a contar con una generación, la nacida en el siglo XXI, a la que vamos a dejar una herencia envenenada, en forma de deuda pública. Estos chicos ya nacen deudores y no de la hipoteca de su casa, sino de algo mucho peor: de deuda pública.

El pago de la deuda dificulta la necesaria reducción de impuestos, que ya no pueden subir más. Pero ojo, esto tampoco se arregla mejorando los ingresos públicos sino reduciendo el gasto público, es decir, el Estado del Bienestar... y eso sí que va a resultar duro para un sociedad acostumbrada a vivir de Papá Estado, de la cuna a la tumba.