Había mucha expectación por escuchar a Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal (FED) desde mayo, aunque la primera reunión que presidió fue la de junio. Pues bien, Warsh ‘amenazó’ con subir los tipos de interés si la inflación subyacente no bajaba del objetivo del 2% de una manera continuada. En julio, se situó en el 3,3% interanual, un 2,5% superior a la de julio de 2025.

Conviene recordar que Warsh es del agrado de Donald Trump, que no quiere ni pensar en subidas de tipos, porque eso encarecería enormemente la elevadísima deuda pública de EEUU. Fue el motivo principal del choque entre Trump y el anterior responsable de la FED, Jerome Powell. Parece ser que le ha salido rana.

En cualquier caso, Warsh incide en el mismo error que Powell y que la actual presidenta del BCE, Christine Lagarde, que no es otro que combatir la subida de los precios subiendo los tipos de interés. Con eso se pretende frenar el consumo, la demanda, y, por lo tanto, abaratar los precios.

Pero eso sólo funciona, y de aquella manera, si la inflación se produce por aumento de la demanda. El problema es que la inflación actual no es de demanda, sino de oferta: hay poca oferta y por eso suben los precios. Y, por eso, la subida de tipos no solucionará el problema y sólo lo podrá parchear momentáneamente.

Esto nos lleva al siguiente escalón, que no es otro que la crisis de deuda que ya ya está llamando a nuestras puertas y de la que Hispanidad lleva advirtiendo desde hace mucho tiempo, cuando nadie más lo hacía.

Jackson Hole se salda con la receta de siempre… que no funciona. La política monetaria está en crisis.