En bolsa aún no se nota. Es más, durante el ultimo mes la acción de Indra ha pasado de 48,6 a 64,4 euros por acción. No está mal. Ahora bien, en Moncloa, que no en Defensa, ante la crisis económica que viene y aunque ya han tenido que suscribir las inversiones en proyectos OTAN que exigía Estados Unidos, consideran que a lo mejor hay que poner el freno, por aquello de compensar, en las inversiones de defensa propias, industria española, en muchos de cuyos programas está inserta Indra.
No nos engañemos: lo que sucedió en la última Cumbre de la OTAN es que Moncloa cedió ante Washington, sin que se notara mucho y, en líneas generales, esa cesión consistió en reducir los mencionados programas propios de Defensa y regresar a la casilla anterior: comprarle armas a Estados Unidos, a través de los programas de la OTAN.
Así, Sánchez se lava la cara ante el mandamás del imperio, a quien luego criticamos por otras cuestiones en RTVE; por supuesto, e incluso mantenemos la quijotesca de un Pedro Sánchez héroe, que se opone con fiereza a Donald Trump (pura filfa) mientras seguimos abonados como clientes al complejo militar industrial norteamericano,
¿Y todo esto preocupa a Ángel Simón, presidente de la ingeniería de Defensa española Indra? Sí y no.
Sí porque el fenómeno Indra, con su subidón bursátil, depende en todo caso de un sólo cliente: el ejército español. Además, en Europa, recuerden que en el proyecto FCAS de caza-bombardero europeo, nos quieren fuera de la obra, pero, al mismo tiempo, no olvidemos que Simón y su nuevo CEO, Josep María Recasens, son los herederos de la enloquecida etapa de Ángel Escribano y José Vicente de los Mozos, que pretendían fabricar armamento sin patentes y habían firmado unos compromisos que no podían cumplir, simplemente porque carecían de base industrial para ello.
Precisamente, Simón es un personaje que se caracteriza por una prioridad de gestión: cumplir siempre, en tiempo y forma, pero sobre todo en tiempo, los contratos firmados... especialmente con las administraciones púbicas.
En este sentido, no digo en otros, el puesto de presidente de Indra estaba hecho para él.
El problema es que, ya con cargo al bienio 2025-2026 -no digamos nada para los años posteriores- Indra ha firmado unos contratos, sobre todo en vehículos de combate, que simplemente no podrá cumplir. Y ojo, porque, en principio, ahora podría reducirse -me dicen en el Gobierno- el presupuesto estatal para vehículos blindados, que estaba hasta ahora, llamado a crecer, con un mundo en guerra que ha convertido su industria en el bazar de las armas.
En todo caso, Ángel Simon no se fía del siempre cambiante cliente principal, el Gobierno, e intenta diversificar, si no ante la empresa privada, sí ante 'otras' compañías públicas. Me refiero, por ejemplo, al concurso satelital que ganó días atrás, y cuyo promotor es la Unión Europea (programa IRIS-2) y no el Gobierno español. Con ello, Recasens le da aire a la onerosa compra, también forzada por Moncloa, de Hispasat. Recordemos, Indra compró Hispasat por orden de Moncloa para hacerle un favor a la amiga de Pedro Sánchez, la presidenta de Red Eléctrica (hoy conocida como Redeia) y 'Miss Apagón', de nombre Beatriz Corredor.
Lo que ha conseguido Simón es rentabilizar una compra tan onerosa e introducir a Indra en la carrera, no satelital, sino, sobre todo, y desgraciadamente, en la defensa del espacio y, pasando de lo abstracto a lo concreto, en el pavoroso mundo de la guerra de drones... donde me temo que la OTAN debe acelerar ante las grandes potencias: China, Rusia, Irán y Estados Unidos.
Ahora bien, el binomio Simón-Recasens se enfrenta a dos problemas: uno, el de siempre, la falta de capacidad industrial de Indra para cubrir todos los contratos a los que se ha comprometido. Segundo: la inestabilidad, no sólo del Presupuesto español de Defensa, sino, lo que es más grave, la inestabilidad de la política española, marcada por el guerracivilismo que nos trajo Zapatero y que Pedro Sánchez ha llevado al culmen
En otras palabras, ¿tienen asegurado sus puestos al frente de Indra tanto Ángel Simón como Josep María Recasens, hagan una buena o una mala gestión en Indra y, por el momento, conste que lo están haciendo bien? La respuesta es: no, no los tienen.
Lo merezcan más o menos, el PP de Alberto Núñez Feijóo piensa cambiar a los directivos de las empresa públicas nombrados por el PSOE y fruto del intervencionismo rampante y bananero del Sanchismo. Telefónica será la primera, claro, que experimentará cambios pero también Indra podría entrar en la lista de relevos. Ni disculpo a Feijóo -un presidente debe guiarse por criterios profesionales, no políticos, a la hora de nombrar a los grandes gestores de empresas públicas-, ni le critico en exceso, porque comprendo que el intervencionismo flagrante de Pedro Sánchez ha resultado tan repugnante como desastroso. La venganza, nunca justificable, puede resultar, en este caso, comprensible.
En todo caso, mientras Marc Murtra, antiguo presidente de Indra, por cierto, ha resultado un desastre para Telefónica, y los entonces amigos de Moncloa, los hermanos Escribano, un desastre para Indra, y aunque la llegada de Ángel Simón ha puesto orden en la compañía, lo cierto es que el mercado de las armas se ha convertido en una locura, imposible de prever, dependiente de un gobierno tan veleidoso como el de Pedro Sánchez y donde nadie puede hacer predicciones porque el futuro es aún más incierto aún que el presente.
O lo que es lo mismo: ¿cuánto va a durar Simón al mando de Indra? Y, consecuentemente, ¿una industria de defensa puede estar sometida al arbitrio político? Me temo que no.