Sorprendentes las declaraciones de Luis de Guindos, vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), al advertir el jueves que la subida de tipos entra en su recta final. Sorprendente porque días antes, en la reunión en Jackson Hole, su jefa directa, la francesa Christine Lagarde, había dado justo la impresión contraria y amenazado con una nueva subida de tipos en septiembre, que los mercados ya dan por descontado. En la misma línea, poco explicativa pero muy determinante, se explicó el presidente de la Reserva Federal (Fed), Jerome Powell: la inflación aún no está controlada y debe volver al 2%, caiga quien caiga. ¿Quizás quería decir don Luis de Guindos que seguirá subiendo el precio del dinero en Europa, aunque estamos llegando a la cima de esa subida? ¿Estamos ante el comienzo del fin o ante el fin del comienzo?

Y encima, en Europa la economía se ralentiza, mientras la derrochadora clase política europea presiona al BCE para que reduzca tipos y poder seguir endeudándonos a todos

Y lo más importante de lo que también se habló en Jackson Hole. Allí, los gobernadores de los bancos centrales expresaron dudas sobre la subida de tipos como instrumento para reducir la inflación porque ¿estamos ante una inflación provocada por la demanda creciente o por la oferta menguante? Porque si se trata de los segundo mucho me temo que la subida del precio oficial del dinero no va a servir para mucho y el aceite de oliva se seguirá vendiéndose como producto con candado.

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Además, está el problema del miedo a una recesión económica producida por la subida de tipos. Quizás Guindos quiso quitar miedos y dar esperanzas pero me temo que nadie va a entender sus palabras, si, como está previsto, el BCE sube los tipos.

Y encima, en Europa, la economía se ralentiza, mientras la derrochadora clase política europea presiona al BCE para que reduzca tipos y poder seguir endeudándonos a todos.