Es cierto que antes del Covid, en 2019, la deuda tampoco era un problema para Barceló, ya que se mantenía en unos 170 millones de euros, una cifra cómoda teniendo en cuenta la generación de caja del grupo. Es decir, el grupo estaba acostumbrado a mantener una estricta disciplina financiera, algo muy positivo y muy necesario en el mundo empresarial y, sobre todo, en las administraciones púbicas. Pero volvamos a Barceló. Todo se vino abajo con la crisis turística provocada por la pandemia, en 2020.
Ese año, la deuda neta del grupo hotelero repuntó hasta superar los 400 millones de euros y un año después, en 2021, alcanzó su máximo de 500 millones. Menos mal que el turismo se reactivó y en 2022 la deuda neta se redujo de manera espectacular hasta los 200 millones y sin vender activos. Así llegamos a 2024, el primer ejercicio con deuda neta cero, y a 2025, con un superávit financiero de 184,2 millones, según el informe de gestión de la compañía.
El resto de cifras también fueron positivas: los ingresos aumentaron un 4%, hasta el récord de 7.867,5 millones de euros, el Ebitda subió un 2%, hasta los 676,7 millones y el beneficio fue de 313,4 millones, un 4% más que el del año anterior.
Las claves del ejercicio fueron el aumento del 6% de la tarifa media diaria (ADR), que alcanzó los 113,7 euros, y el aumento del 6,3% de los ingresos por habitación disponible (RevPar), hasta los 86,5 euros. Esto explica los buenos resultados con una ocupación hotelera del 76,1%, sólo un 0,4% superior a la de 2024.