Desde la crisis financiera, la obsesión de los bancos centrales en general y del Banco Central Europeo en particular ha sido imponer unos elevados niveles de solvencia a las entidades financieras, suficientes para asumir pérdidas futuras. Eso, y no otra cosa, fue lo que hizo quebrar a las cajas de ahorros, porque no podían acceder a los mercados con la misma facilidad que un banco, sociedad anónima.

Pero no nos desviemos. Desafortunadamente, eso no ha cambiado -los supervisores siguen en sus trece-, pero sí hemos visto luz al final del túnel.

Ha sido este viernes, en la jornada bancaria organizada por las tres patronales del sector, AEB, Ceca y Unacc, y que ha contado con la participación, entre otros, de Héctor Grisi, CEO del Santander, que hoy celebró el sorpasso a Inditex en bolsa, Carlos Torres, presidente del BBVA y Gonzalo Gortázar, CEO de Caixabank.

El más explícito fue Grisi: los bancos no quiebran por falta de capital sino por el negocio. Por fin, un banquero que reconoce en público lo que hemos dicho en Hispanidad durante años. No sólo eso, el CEO del Santander se quejó porque, si bien el requerimiento de capital establecido para el banco está en el 10%, ellos tienen el 13% ante la incertidumbre regulatoria, que podría desembocar en un mayor nivel de solvencia.

Luego está la enorme carga regulatoria, como recordó Alejandra Kindelán, presidenta de la AEB, con 22 organismos reguladores y supervisores para una única entidad que opere en un solo país europeo, más de 1.700 normas y unas 90.000 páginas de regulación. En la práctica, son 8.000 requerimientos de información y unas 430 reuniones supervisoras al año. Un horror.

Por su parte, Carlos Torres denunció que para comenzar a operar digitalmente en Italia y Alemania han tenido que adaptarse a las normas de cada mercado que difieren, además, de las españolas. Cuestiones como la identificación del cliente, la firma electrónica, la normativa sobre blanqueo de capitales, los procesos de conocimiento del cliente, la normativa sobre protección de bases de datos, etc. Al final, todo esto resulta muy costoso y frena la expansión del negocio.

En este contexto, el sueño de la Unión Bancaria Europea parece estar todavía más lejos de lo que está. Según Gortázar, tener un fondo de garantía de depósitos europeo no implica que haya unión bancaria. Sólo podremos hablar de una auténtica unión bancaria cuando haya una gestión única europea de riesgos y recursos bancarios.

Estamos apañados. Y si no, que se lo pregunten al Gobierno alemán, que acaba de oponerse a la OPA del italiano Unicredit sobre el Commerzbank.

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