El proyecto de Sánchez sigue adelante. No porque el PSOE crea en él sino porque así se lo ha prometido a quien lo reclama, los indepes nacionalistas catalanes... y con eso basta. En este caso, hablamos de que, gracias a la ERC de Oriol Junqueras, no de Carlos Puigdemont: la Agencia Tributaria será competencia de Cataluña.
No se ha conseguido aún, la medida continúa en tramitación, pero puede hacerse. La técnica de Pedro Sánchez, 'el profanador', siempre tienta la suerte hasta allá donde es posible, siempre mantiene las puertas -las de los demás- abiertas hasta que consigue que alguien pase por ellas, siempre propone pero si puede impone.
¿Qué puede suponer esto? Pues muy sencillo: que se dispare el fraude fiscal en España.
La Agencia Tributaria funciona con bases locales de datos y, atención, con una Base Nacional de Datos, que permite el acceso a cualquier red local. Es decir, que un inspector puede hacer el seguimiento de un contribuyente, presunto infractor, aunque opere desde distintos puntos de España... que es lo que suele ocurrir.
Ahora bien, esto ya ocurre en el País Vasco y Navarra, con su concierto especial. Pero cuando se recuperó este aspecto de la foralidad en el antiguo Reino de Navarra y en los territorios forales vascos, el espíritu de concordia aún reinaba en España. Hoy no, hoy han desaparecido los principios comunes y las diferencias se han convertido en deseos de venganza o, al menos, en presunción de superioridad.
Como ocurre en Cataluña, donde ya no hay regionalistas sino indepes, que odian todo lo que huela a español o a hispano.
Ahora bien, entre ambas comunidades. Navarra y Euskadi, no alcanzan los 3 millones de habitantes. Por el contrario, Cataluña tiene 7,7 millones, más una irregular colonia musulmana creciente. Unan estas dos premisas y si Sánchez lleva a efecto la tropelía, se encontrarán con una contra-Agencia Tributaria en Barcelona. Es decir, que se disparará el fraude en España. Y eso nunca es bueno por más que en España soportemos un esfuerzo fiscal -más importante que la presión fiscal, de la misma forma que el PIB per cápita es mucho más importante que el PIB- realmente asfixiante.
Y ojo, que, como comunidad autónoma de régimen común, no sé yo -afortunadamente no soy jurista- si no se apuntarán, a esto de disponer de una agencia tributara propia, las 14 CC AA restantes.
En todo caso, en España, hay que bajar los impuestos pero no hay que disparar el fraude fiscal. Como Sánchez y Marisu mienten más que hablan y como el Sanchismo siempre lanza iniciativas ante las cámaras y luego las paraliza en silencio o las ejecuta con alharacas, según pueda o según le convenga, recuerdo a todos que el peligro de la creación de una Agencia Tributaria catalana es ese: que dispararía el fraude fiscal porque se resentiría el intercambio de datos con la Base Nacional de Datos de la Agencia. Que eso, y no otra cosa es lo que temen en la susodicha Agencia Tributaria.
Le llaman progresismo: impuestos asfixiantes para el ciudadano y tolerancia al fraude fiscal a los amigos.
Sí, ya sé que, tras la nueva reunión, esta secreta, entre Sánchez y Junqueras, sobre financiación catalana, esta cuestión puede parecer menor: no lo es. Insisto: España no se disgregará por estúpidas declaraciones de independencia pero sí se puede disgregar por perder sus raíces comunes, que son raíces cristianas -España no se entiende sin su fe común en Cristo- o al saborear la injusticia con la que la madre patria trata a sus hijos.