Marck Zuckerberg no tendrá que vender Instagram o WhatsApp. Ni siquiera tendrá que pagar una multa por prácticas monopolísticas en el sector de las redes sociales, porque así lo dictaminó el martes el juez de distrito, James Boasberg.

El magistrado, eso sí, admitió que cuando la Comisión Federal de Comercio (FTC, por sus siglas en inglés) demandó a Facebook, en 2020, la compañía pudo haber tenido una posición monopolística, tras comprar Instagram en 2012 y WhatsApp en 2014. Actualmente, sin embargo, no se puede afirmar que actúe de manera monopolísticca ya que existen otras redes sociales como X o TikTok que, por cierto, pasará a manos de una empresa norteamericana, en EEUU, aunque no sabemos cuándo.

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Primera idea fuerza: la justicia, si es lenta, no es justicia y menos aún en el campo de la tecnología, en el que los cambios se producen a una velocidad no vista antes.

La sentencia de Boasberg, en cualquier caso, no tiene en cuenta dos aspectos importantes: el tamaño de Meta, matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp, y el hecho de que utiliza su posición dominante para censurar contenidos que no le gustan. Un ejemplo: Instagram eliminó en España, sin previo aviso, la cuenta de Luceat Films, por hacer reportajes sólo de bodas católicas.

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Eso sin mencionar el hecho de que Meta, como Google, también le roba publicidad a la prensa. Sí, es una lástima que Zuckerberg pueda seguir manteniendo la compañía tal y como la conocemos. ¿Los juicios en Europa? Son inocuos porque, llegado el momento, Bruselas sólo sanciona mediante multas económicas que, vistas las cuantías, ni siquiera sirven para disuadir a la compañía.

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Y luego está lo de Pedro Sánchez en el foro Metafuturo, celebrado este miércoles. El presidente anunció que llamará a los resposables de Meta al Congreso para que aclaren si la compañía rastreó sin permiso, durante casi un año, la actividad web de usuarios con dispositivos Android, tal y como avanzó, en junio, un informe de Imdea Networks. Tranquilos, a don Pedro no le importan esos rastreos, lo que quiere es utilizar eso como pretexto para controlar y censurar el periodismo ciudadano en redes sociales.