Amparo Moraleda se considera a sí misma el "icono de la mujer española" en el mundo empresarial. No sé si la auto-apreciación resulta exagerada pero lo cierto es que su currículo es importante, como ejecutiva propiamente dicha de IBM y luego en Iberdrola y en Caixabank, de donde acaba de salir.

Ha sido durante muchos años consejera de Airbus y ahí viene el problema. Desde la ruptura entre Airbus y España, o si lo prefieren entre el todopoderoso CEO del constructor aeronáutico europeo, el francés, Guillaume Faury, la labor de Moraleda ha sido casi testimonial, y, además, su fama de española que no se preocupa por los intereses españoles, ha sido aún mayor.

Veamos el proceso. La buena decisión de Pedro Sánchez es romper con el caradura de Faury e independizar a Indra de los proyectos de Defensa europeos, para que no ocurra lo de la aviación civil: que en Airbus mandan franceses, un poquito los alemanes y España no manda un pimiento. Y no es que Amparo Moraleda haya puesto algo de su parte en esta melé dede el interior del Consejo.

En su momento, Faury amenazó a Sánchez con cerrar los miles de empleos de las plantas de Airbus, en Getafe, Sevilla y Cádiz y este le contestó que se fuera a paseo, que Indra sería nuestro fabricante de defensa aérea. 

Algo parecido a lo que ocurre ahora, en tiempos de guerra, con el espacio: satélites y drones, principalmente. 

Recuerden que la Comisión Europea ha propiciado una fusión de las divisiones satelitales para el gran proyecto europeo del espacio, entre Airbus, Thales y Leonardo. Indra, que acaba de comprar Hispasat, se queda fuera. Quede claro que cuando hablamos de satélites, en tiempos de guerra, hablamos también de drones, el gran negocio en alza del momento. Sí, me refiero a drones kamikazes. Es el negocio del futuro y Airbus, una vez más, quiere a los españoles fuera. Será la Comisión Europea la que decida qué elementos forman parte de este nuevo segmento de negocio .

Eso sí, como España es un país dominado por la propaganda sanchista, ahí tienen a doña Diana Morant explicándonos que las inversiones crecientes en materia espacial son una cuestión científica. ¡Y una porra! De lo que estamos hablando es, por una parte, de los mencionados drones militares, drones que matan. Por otra parte, estamos hablando de satélites que son vitales para la seguridad de un país, satélites de uso militar. 

Tras el sistema Copérnico y el sistema Galileo, la Unión Europea ha lanzado el proyecto de satélites IRIS2, y el culpable de que se acelere este proyecto multimillonario es Elon Musk. Recuerden: Musk es el hombre que, con su empresa Space X, inventó la integración vertical del mundo satelital. Para entendernos: el hombre de Tesla fabrica satélites, los coloca en órbita y opera esos mismos satélites. Y así se producen cuestiones tales como que, en plena guerra de Ucrania, Elon Musk se niegue a facilitar la información a ucranianos, durante una operación en el Mar Muerto. 

De inmediato, la Unión Europea se dio cuenta de que, por su seguridad, no podía depender de Musk y debía crear su propio sistema de satélites. Resultado, IRIS2. 

Pues bien, el amigo Faury, quiere ser el constructor de este nuevo Space X con los italianos de Leonardo y con los españoles fuera de juego. Pero, en el entretanto, y dado que España le ha pedido muchos aviones y, sobre todo helicópteros, a Airbus, para contentar un poco el orgullo patrio, ha nombrado a Amparado Moraleda, presidente de Airbus en España. No esperen mucho más de este nombramiento, mejor confíen en que Indra-Hispasat logre pintar algo en el sistema IRIS2 o, sencillamente, logre la tecnología necesaria para desarrollar sus propios satélites y sus propios drones de combate. 

Naturalmente, como somos españoles hemos salvado Indra... y ya estamos en guerra civil, en el seno de Indra.