El invitado de este domingo es Alberto Ruiz, consejero delegado de Omega Gestión, y, con él, pongo punto y final a esta sección de entrevistas… con la que tanto he disfrutado. Espero que ustedes lo hayan hecho también, al menos en alguna ocasión.
Pero, a lo que nos ocupa. Treinta años en el sector financiero han llevado a este madrileño a formar parte del equipo directivo que gestiona uno de los patrimonios más importantes de España: el de Alicia Koplowitz.
Ahora, “en una fase de mercado exigente”, tal y como él la define, “con bolsas fuertes, tecnología liderando, beneficios empresariales todavía razonables, pero con una acumulación de shocks geopolíticos y energéticos que ha devuelto la inflación al centro del debate”, es el momento de realizar, con su ayuda, por supuesto, un diagnóstico de la situación.
Bienvenido de nuevo Alberto… en un año, este 2026, complicadísimo desde su incio.
-Cuando le entrevisté por primera vez, octubre de 2020, nada más y nada menos, afirmó: “Tengo mucho mejor criterio para decirte cómo va a estar la bolsa dentro de cinco años, que dentro de tres meses”. Y añadió: “La capacidad de adaptación que demostramos es tan impresionante, que soy optimista para el futuro”. Pues, yo diría que… algo de visionario tiene Alberto Ruiz, ¿no?
Más que visionario, diría que era una defensa de la inversión a largo plazo. A tres meses casi todo es ruido; a cinco años pesan más la innovación, la adaptación empresarial y la capacidad del sistema para absorber shocks. Y eso se ha confirmado: hemos vivido pandemia, inflación, subidas de tipos, guerras… y aun así muchas compañías han seguido creando valor.
-¿Qué hacemos ante un mercado, en máximos, pendiente de la guerra y por ende, de la inflación y de una extrema volatilidad?
Hay una tentación de confundir máximos con burbuja automáticamente. Un mercado puede estar en máximos porque los beneficios también están en máximos. Un dato a tener en cuenta: la bolsa pasa más tiempo del que creemos en máximos, unas 10 veces al año de media. En todo caso, en las circunstancias actuales sí puede ser recomendable incidir en estrategias de control de riesgos: incrementar la diversificación, aunque te pierdas un poco el momento tan positivo del mercado; perseverar en la disciplina de valoración de las carteras, lo que exige reducir exposición cuando las valoraciones dejan de ser justificables. Y, finalmente, aumentar la liquidez estratégica de las carteras.
La renta variable está más anestesiada por la tecnología y los beneficios; los bonos están diciendo: “cuidado, esto puede no ser transitorio"
-Y… pendientes de los movimientos de los bancos centrales. ¿La reacción de cada uno de ellos será distinta?
Estamos en contexto económicos distintos. La Fed se enfrenta a una economía más dinámica, pero con una inflación que se aleja de su objetivo central. En Europa el dilema es más incómodo: menos crecimiento y más dependencia energética. El BCE tiene menos margen para endurecer sin dañar actividad. En el fondo, lo que vemos es una convergencia hacia una idea: menos automatismo y más prudencia, esperar y ver. Los bancos centrales están aprendiendo que el mundo se ha vuelto menos predecible.
-¿Los resultados están dando soporte a la bolsa americana?
Sí. Lo que estamos viendo en esta temporada de resultados tiene pocos precedentes. Con más del 80% de las compañías del S&P 500 habiendo publicado, el crecimiento del beneficio por acción respecto al mismo trimestre del año anterior ronda el +23%, superando las expectativas en unos 18 puntos porcentuales.
Mientras los beneficios acompañen, el mercado tiene un soporte claro. El problema es que las expectativas se mantienen muy exigentes. Y un detalle a tener en cuenta. La enorme inversión en inteligencia artificial por parte de las grandes compañías está impulsando los resultados del resto del ecosistema, generando una dinámica que se retroalimenta. El problema es si este impulso se ralentiza o no consigue los resultados esperados. El tiempo nos lo va a decir.
-Y aunque el mercado parece pasar de puntillas por la guerra, no hay que olvidar que tenemos los barriles de petróleo por encima de los 100 dólares…
Es otro de los datos clave. El petróleo caro actúa como impuesto global: reduce renta disponible, encarece transporte y reabre el problema inflacionista. Además, es mucho más dañino para Europa que para Estados Unidos por la dependencia energética europea. Una información a tener en cuenta, de todas formas. A 100 dólares, el petróleo es caro, pero no extraordinario en términos históricos reales. Hemos visto niveles mucho más altos si ajustamos por inflación.
Europa ya arrastraba problemas estructurales: energía más cara, menor productividad, regulación más pesada y dependencia exterior. La guerra agrava una fragilidad previa
-¿Son los bonos los que cotizan más incertidumbre?
Sí. La renta variable está más anestesiada por la tecnología y los beneficios; los bonos están diciendo: “cuidado, esto puede no ser transitorio”. La subida de rentabilidades recoge expectativas de más inflación, déficit y prima de riesgo geopolítica. Cada mercado transmite una interpretación distinta de la coyuntura ¿Quién tendrá razón?
-¿Hablamos de una descoordinación de riesgos?
Exacto. Hay una cierta descoordinación: las bolsas cotizan resiliencia, los bonos cotizan inflación más persistente, el petróleo cotiza estrés geopolítico y los bancos centrales reconocen falta de visibilidad. No todos esos mensajes pueden ser ciertos a la vez durante mucho tiempo.
-El problema de inflación grave que tenemos en Europa, ¿es solo culpa de Irán?
No. Irán es el catalizador, no la causa única. Europa ya arrastraba problemas estructurales: energía más cara, menor productividad, regulación más pesada y dependencia exterior. La guerra agrava una fragilidad previa.
-¿Europa se acerca a la estanflación?
El riesgo existe: crecimiento bajo e inflación más alta. El BCE ha revisado el crecimiento de la eurozona de 2026 al 0,9%, rebajándolo por la guerra en Oriente Medio. Eso no es una recesión profunda, pero sí una economía vulnerable.
-¿Qué hará el BCE?
Probablemente intentará ganar tiempo. Si la inflación viene del petróleo, subir tipos no produce más petróleo. Pero si el shock se filtra a salarios y expectativas, los conocidos como efectos de segunda ronda, el BCE tendrá que ser más duro. Su problema es que tiene que combatir inflación sin romper una economía débil.
Si el shock se filtra a salarios y expectativas, los conocidos como efectos de segunda ronda, el BCE tendrá que ser más duro
-Entonces, ¿podemos calificar a Europa como zona de mayor riesgo frente a otros, como el mercado americano y parte de asiático, que parecen estar ganándolo todo?
Relativamente, sí. No porque no haya buenas empresas europeas, sino porque el marco macro es peor: más exposición energética, menos crecimiento y menor liderazgo tecnológico. Estados Unidos y parte de Asia tienen más motores de crecimiento propios.
-Sin embargo, la inflación de los EEUU ha subido hasta el 3,3%, el nivel más alto desde mayo de 2024…
Sí, y eso limita el entusiasmo. La inflación americana vuelve a estar por encima del objetivo de la Fed y complica cualquier bajada rápida de tipos. Sin embargo, lo que nos dice el mercado a través del breakeven de inflación, es que la inflación a largo plazo está bien anclada en niveles cercanos al 2%. Indicando, a su vez, una credibilidad en la Fed a prueba de balas.
-El próximo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, está a punto de debutar… en qué momento ¿no?
Muy delicado. Warsh llega con inflación elevada, presión política sobre la Fed y un mercado que quiere tipos más bajos. Su reto será demostrar independencia. Si el mercado percibe que la Fed sacrifica credibilidad antiinflacionista, el problema puede trasladarse rápidamente a los bonos y al dólar.
La enorme inversión en inteligencia artificial está impulsando los resultados del resto del ecosistema, generando una dinámica que se retroalimenta. El problema es si este impulso se ralentiza o no consigue los resultados
-La tecnología vuelve a protagonizar un rally bursátil en 2026. ¿Le da algo de vértigo?
Sí, cierto vértigo, pero no tanto por la tecnología como por nuestra capacidad de interpretarla. Hemos vivido muchas “revoluciones” que, con el tiempo, han resultado ser evoluciones: importantes, pero sólo incrementales. Eso justifica cierto escepticismo. Sin embargo, la inteligencia artificial sí apunta a algo más profundo, aunque todavía no sabemos si será un salto o simplemente otro escalón en la productividad. El verdadero problema es que el mercado no sabe bien cómo ponerle precio. La historia muestra que suele equivocarse al identificar ganadores y perdedores en estos procesos.
-¿Los nuevos catalizadores serán las salidas a Bolsa de SpaceX, OpenAI y Anthropic?
Sí, pero con cautela. Sus posibles salidas a bolsa serían eventos enormes para el mercado y reforzarán la narrativa de IA. Ahora bien, una OPV no convierte automáticamente una gran empresa en una gran inversión: precio, valoración y gobierno corporativo importan muchísimo. Por lo tanto, catalizadores, seguro, pero también pueden ser puntos de inflexión. Sólo recordar las salidas a bolsa en el sector inmobiliario previas a la crisis del 2008 y desde luego las OPV previas a la burbuja puntocom de los 90.
Kevin Warsh llega con inflación elevada, presión política sobre la Fed y un mercado que quiere tipos más bajos. Su reto será demostrar independencia
-¿Hay vida más allá de la guerra de Irán?
Sí. La guerra importa, y mucho, pero no lo explica todo. Lo que de verdad tenemos que seguir como inversores no cambia: resultados empresariales, productividad, inteligencia artificial, demografía y competencia geopolítica. La guerra puede mover el corto plazo; la creación de valor se decide en horizontes mucho más largos. De nuevo, la clave es invertir a largo plazo.