El Banco Central Europeo subió este jueves los tipos de interés un 0,25%, hasta el 2,25%. Es la primera subida desde septiembre de 2023 y podría no ser la última si la inflación, en mayo en el 3,2%, no vuelve al entorno del 2%.

“La guerra en Oriente Próximo está generando presiones inflacionistas y la decisión de aumentar los tipos de interés es adecuada en los diferentes escenarios que analizan la posible evolución de la perturbación y su impacto en las perspectivas a medio plazo para la zona del euro”, afirmó la institución presidida por Christine Lagarde.

El BCE se equivoca. En primer lugar, el origen de la inflación actual no es una elevada demanda, sino la escasez de oferta y esta se combate únicamente produciendo más, no encareciendo el precio del dinero ya que, como hemos dicho antes, la demanda sigue siendo la misma.

Dicho esto, subir los tipos tiene -o debería tener- un efecto positivo: frenar el aumento de la deuda pública de gobiernos irresponsables como el de Pedro Sánchez. Pero mucho nos tememos que no será así y que la deuda pública seguirá aumentando hasta tal punto de que la próxima gran crisis será, precisamente, de deuda.

Subir los tipos tendrá otro efecto, esta vez negativo: impactará directamente en los ciudadanos, que verán subir los intereses de los préstamos bancarios, incluidas las hipotecas. Por cierto, el mercado inmobiliario es un claro ejemplo de lo que decimos: los precios de la vivienda no suben por especulación, sino porque la oferta es escasa, tal y como ha explicado en numerosas ocasiones Rocío Orizaola, en Hispanidad.

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Luego están los que argumentan que el BCE debe subir los tipos porque la Reserva Federal de EEUU (Fed) los ha subido. No son equiparables y responden a motivaciones diferentes. La más significativa: el BCE únicamente se fija en la inflación y la Fed, además, vela por el crecimiento económico.