Esta tarde el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez recibe en Moncloa al lehendakari, Imanol Pradales. Sin duda hablarán del BBVA y sin duda su conversación no formará parte del comunicado oficial.
Ambos se entienden porque ambos son especialistas en aprovecharse de las debilidades del contrario, Al lehendakari le viene de miedo un Sánchez a la defensiva, que debería haber dimitido tiempo atrás como presidente del Gobierno pero que está dispuesto a destruir España, y el mundo, si fuera necesario, con tal de permanecer en el sillón de Moncloa.
Pero Torres no debe olvidar que el PNV nunca da algo a cambio de nada. Además, hay otro peligro: el escándalo de la parálisis del Caso Villarejo-BBVA, con el BBVA como persona jurídica imputada
Por su parte, Pradales aprovecha muy requetebién sus escasos cinco diputados en el Congreso a pesar de contar con un electorado dispuesto a votar a los pro-etarras de Bildu antes que a él mismo.
Así, el PNV le ha pedido a Sánchez recuperar el BBVA y no le importa que en una primera etapa de esa recuperación se mantenga con un vencido Carlos Torres en la Presidencia, a pesar de disponer de dos candidatos: José Ignacio Goirigolzarri y Antón Arriola. Por el momento, se conforma con que el presidente del BBVA sea Carlos Torres, quien necesita apoyo político para mantenerse en la Presidencia del banco, de la que debería haber dimitido 24 horas después de fracasar su OPA sobre el Sabadell.
Digamos que Torres se refugia en Pradales y que el PNV aguarda su momento para reconquistar el BBVA para Euskadi, el banco que españolizó Rodrigo Rato con Francisco González (FG), nacionalización que el PNV nunca ha perdonado.
Mientras, González Páramo se erige en defensor, desde fuera, del BBVA frente a Moncloa, clave en el fracaso de la OPA sobre el Sabadell. Tiene razón, pero eso no quita que la OPA no era buena para España... y que Torres debería haber dimitido
Y es que hay muchos movimientos subterráneos dentro de la parálisis nacional sanchista. La España empresarial está parada, sí, pero por eso todo el mundo anda en ebullición interna o preparando el post-sanchismo, un movimiento tan podrido que, a pesar del enroque de Pedro Sánchez, no puede aguantar más allá de su muerte por consumición. Mientras tanto, nadie toma decisiones estratégicas pero todos las preparan.
En todo caso, Carlos Torres no debe olvidar que el PNV nunca da algo a cambio de nada y que él nunca será 'uno de los nuestros'.
Además, existe otro peligro: el escándalo de la parálisis del Caso Villarejo-BBVA, donde el BBVA figura como persona jurídica imputada, no lo olvidemos. Ya nada nos extraña en la justicia española, pero debería asombrarnos que en septiembre de 2024, va para año y medio, ya estuvieran presentados todos los escritos de acusación para el juicio oral, menos uno, el más importante, el de la Fiscalía, un organismo que tras el desastre de Dolores Delgado y de Álvaro García Ortiz, no puede haber caído más bajo y ahora, como consecuencia de su utilización contra Isabel Ayuso, anda inserta -toda la Fiscalía- en una guerra civil de la que no va a salir nada bueno.
Pero eso a Moncloa le importa poco: seguirá utilizando la Fiscalía en la pieza Villarejo-BBVA y en las cincuenta piezas restantes del sumario Villarejo... y a otra cosa.
Las cuitas de Torres no terminan ahí. Recientemente, el exconsejero del BCE y del BBVA, José Manuel González Páramo, se erigía en defensor, desde fuera, del BBVA frente a Moncloa, clave en el fracaso de la OPA sobre el Sabadell. Decía que la OPA fracasó porque Moncloa y los nacionalistas catalanes se opusieron a ello. Y tiene toda la razón. Ahora bien, como ya hemos repetido en Hispanidad, la OPA no era buena para España: era malísima... pero sí fue Moncloa quien la tumbó.
Para sobrevivir, el presidente se dedica a contentar al accionista y a despreciar al cliente, cada día peor atendido, mientras deja la imprescindible subida de ingresos en manos de Onur Genç
Ni tan siquiera ha optado Torres por una fusión con el Unicredit de Andrea Orcel. Sabe que los usos bancarios europeos y norteamericanos dictan que quien pierde una OPA debe marcharse a su casa: su etapa ya pasó.
Un día después de la OPA, Torres debería haber dimitido. No lo hizo. Para sobrevivir, se dedica a contentar al accionista y deja la imprescindible subida de ingresos en manos del consejero delegado, Onur Genç.
La actualidad viene marcada por el hecho de que Torres ha prometido 36.000 millones en dividendos -o en la trampa de la recompra de acciones- hasta 2028 y ahora debe cumplir su palabra a costa de forzar la maquinaria de oficinas del BBVA, cuyo servicio al cliente es cada vez peor. Y los ingresos que obtiene van a compensar a los accionistas sin preocuparse por los clientes. Eso no sólo no es buena gestión que, además, no se sostiene durante demasiado tiempo.
En el entretanto, Torres se refugia en Pradales y el PNV. Mañana ya veremos. Su objetivo, como el de Sánchez, sólo es uno: permanecer en el cargo.