Esta semana, los accionistas de Webster han aprobado, en una Junta extraordinaria que no llegó a 30 minutos de duración, la absorción de Webster Bank por el Santander.
Hasta ahí todo bien. Pero dos semanas atrás, dos senadores norteamericanos (tampoco hay muchos, sólo 100) pidieron que la aprobación no se llevara a cabo porque "dado el entorno geopolítico actual, ceder el control sobre los depósitos, los datos y las decisiones de crédito de Estados Unidos al principal banco de España plantea preguntas que justifican un cuidadoso escrutinio regulatorio, particularmente dado que España no siempre ha actuado como un aliado fiable de la seguridad de Estados Unidos". Para que quede claro, que los reguladores deberían haber prohibido la compra.
En plata, que Ana Botín está hasta el gorro de Pedro Sánchez. Sánchez arremete de vez en cuando contra ella y ella no quiere saber nada con el Gobierno español. El mejor desprecio es la lejanía.
El no apoyar financieramente a Enrique Riquelme es otro detalle de la lejanía entre Boadilla y Moncloa. En todo caso, lo que ahora mismo preocupa a la presidenta del Santander es el norteamericano Webster
Lo más relevante: su proyecto de hacer del Santander el primer banco del mundo es imposible, con la mala imagen del Sanchismo en el mundo anglosajón.
El proyecto Botín consiste en un banco universal que crezca en banca doméstica por los cinco continentes, sea en versión presencial o digital, al tiempo que potencia su banca de inversión. No sería no el primer banco de inversión del mundo pero sumando ambas facetas, al por menor y al por mayor, sí puede soñar con convertirse en el primer banco del mundo mundial.
Pero para eso, uno debe contar con respaldo político en su sede social, y Sánchez no está ahora para respaldar al Santander, supuesto y no admitido que esté dispuesto a hacerlo.
Piensen que sólo convirtiendo el Santander en líder global conseguirá mantener la dinastía Botín, con su hijo, Felipe Morenés Botín, al frente. Felipe tiene 40 años y ya entrado en la estructura directiva del Santander, en México.
Sería el cuarto Botín de la dinastía, el quinto si le da por el rigor, aunque el primer Botín que puede calificarse como gran banquero español fue el abuelo de Ana, Emilio Botín López.
Ahora bien, al igual que el PP, Botín no está dispuesta a forzar la caída de Sánchez: debe caer por sí mismo... pues va para largo
Un detalle. Ana Botín se ha negado a apoyar financieramente a Enrique Riquelme, el honbre que Sánchez quiere situar al frente del Real Madrid. A lo mejor, así acude más al palco presidencial del Bernabéu... el presidente del gobierno de España.
No apoyar a Riquelme es otro detalle de la lejanía entre Botín y Sánchez. En todo caso, lo que ahora mismo preocupa a la presidenta del Santander es la compra del norteamericano Webster Bank, la última barrera salvada por el Santander, no sólo sin el apoyo de Moncloa... sino salvando el obstáculo de Moncloa.
Ahora bien, al igual que el PP, o el PNV, o Junts o quien sea, Ana Botín no está dispuesta a forzar la caída de Sánchez: debe caer por sí mismo... pues va para largo. Nadie quiere ponerle el cascabel al gato que a lo mejor te sale tigre.