En esta entrevista exclusiva con Hispanidad, realizada con motivo del 30 aniversario del periódico -decano de la prensa digital en España-, uno de sus lectores, Josu Jon Imaz, CEO de Repsol, no se ha referido a la energía de la que normalmente suele hablar, sino de otra mucho más importante y que también mueve a las personas y al mundo: la fe cristiana. De hecho, él tiene muy claro que “uno no puede separar sus convicciones personales de su forma de actuar en la vida”, y en su caso, esas convicciones emanan del cristianismo.
Imaz nació en Zumárraga (Guipúzcoa), se licenció en Ciencias Químicas y luego se convirtió en Doctor en dicha materia. Como él mismo señala, este 2026 cumple “40 años cotizados”, de ellos, “27 en el sector privado y 13 en el sector público”. Su trayectoria profesional empezó en el ámbito de la investigación (como enviado del Centro de Investigación INASMET al Centro tecnológico francés CETIM) y de la promoción de proyectos industriales (Grupo Mondragón) y empresariales vinculados a la energía. También desempeñó varias responsabilidades en el mundo de la política: teniente alcalde y concejal de su pueblo, eurodiputado, consejero del Gobierno vasco y presidente de la Ejecutiva del PNV.
Tras decir adiós a la política en enero de 2008, se fue a EEUU, donde desarrolló un trabajo de investigación para el centro Escuela de Gobierno John F. Kennedy, de la Universidad Harvard, pero la aventura al otro lado del océano Atlántico duró poco, pues volvió en julio de ese mismo año para presidir Petronor, filial de Repsol. A partir de ahí, fue sumando responsabilidades: en 2012, se unió al Comité de Dirección de la petrolera como director general del Área Industrial y Nuevas Energías, y entre sus tareas estaba la de coordinar las actividades de las refinerías; y el 30 de abril de 2014 fue nombrado CEO, cargo en el que acaba de cumplir 12 años.
En la entrevista empieza confesando que le da “un poco de pudor hablar de esto, porque las convicciones cristianas pertenecen al ámbito personal y están vinculadas a la fe” y afirma que el “cristianismo es mucho más que eso. Son también valores humanistas, de poner a la persona en el centro de la economía y de las decisiones económicas”. Reconoce que siempre siguió “con mucho gusto la importancia de la persona en la economía, el concepto del bien común, el concepto de que la economía y la empresa sean instrumentos que también sirvan a la sociedad y a la persona”. Todo esto en su caso ha estado de una forma, “quizá perceptible, pero a veces involuntaria, porque uno no puede separar sus convicciones personales de su forma de actuar en la vida con las personas o en las organizaciones”. Y dicho camino es “gestionar contradicciones”, algo que se ve muy bien en la paradoja del CEO, que “es gestionar el corto plazo, porque uno tiene que satisfacer a las personas que invierten en la empresa, pero a su vez tiene que preservar un proyecto a largo plazo para que las personas que hoy están entrando, en este caso en Repsol, tengan un futuro”. Un “equilibrio que es absolutamente necesario”.
Imaz ha relatado que en su juventud leía mucho y siempre le ha gustado la lectura, y aunque ha leído muy pocas encíclicas, una que cayó en sus manos fue la Rerum novarum, de León XIII, a la que llegó indirectamente a través del escritor francés Jacques Maritain, uno de los precursores del humanismo cristiano. Una encíclica que supone el comienzo de la Doctrina Social de la Iglesia, y con la que León XIII “trata de poner un equilibrio entre los principios del mercado y la responsabilidad social hacia las personas y hacia los trabajadores”. Estas lecturas le han influido bastante a lo largo de su vida y también lo que supuso en la construcción europea la democracia cristiana. Un bagaje intelectual al que se suma “una práctica del día a día, pues, en las empresas tenemos que responder al bien común”, algo que se refleja en atender a los accionistas y en decirles que también tienen que atender a todos los grupos de interés.
El CEO de Repsol ha referido que ser coherente con los principios cristianos es difícil tanto en las multinacionales como en la política, donde trabajó 13 años. “Me tocó tener un firme anclaje en mis principios humanistas y cristianos en mi vida política, porque me tocaron unos tiempos en los que lo que se estaba jugando era un bien supremo, como es la vida humana. Estamos hablando de años de terrorismo” de la banda terrorista ETA, en los que tuvo que llevar escoltas. Asimismo, ha señalado que “defender lo propio en términos de identidad está muy bien, pero desde un punto de vista integrador, de respeto y de buscar la confluencia con los demás”, algo que tampoco le fue fácil.
Considera que “todos vivimos con nuestras contradicciones y a veces, hacemos cosas imperfectas” y siempre suele decir que “al final la clave es llegar a la noche, mirarte en el espejo y reconocer a la persona que ves en el espejo”. Al hilo de esto, ha citado a Miguel de Unamuno, quien decía que al igual que el agua pura produce cretinismo (como pasó en un pueblo de montaña a principios del siglo XX), las ideas puras también producen cretinismo. Por eso Imaz cree que “en la vida hay que tener ideas, hay que ser coherente con ellas, hay que reconocerse, hay que respetar los valores que uno tiene, pero también hay que ser a veces un poco flexible, porque el extremismo y la rigidez nos pueden llevar también al cretinismo, como decía Unamuno”.