El Gobierno Aznar subía los salarios el IPC, así que el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) andaba por los 400 euros mensuales (ojo, brutos).

Siempre al quite, su inefable vicepresidente económico, Rodrigo Rato, aseguraba que no se podía subir más, dado que el SMI indiciaba -neologismo verbal con aplicaciones múltiples- otros productos y servicios públicos, desde becas a vivienda protegida. En definitiva, si subías el SMI -¡Qué horror!- se disparaba la inflación. Por eso, en cifra absolutas, Aznar subía los salarios de subsistencia cantidades tan abracadabrantes como, por ejemplo, 10 euros por año, con lo que, no lo duden, los beneficiarios de tales salarios (porteros de finca, camareros, dependientes, personal doméstico) se daban a la molicie y a los lujos orientales.

Llegó Zapatero, y tomó la decisión de subir casi un 50% el SMI; hasta cerrar la legislatura. Sin duda, la mejor decisión -y eso que aún se queda corta- del Gobierno en materia económica. Si algo caracteriza a la España económica es la fortísima diferencia entre salarios bajos y altos. Tanto es así que el consenso internacional para un justo reparto de la riqueza es que el SMI suponga el 60% del salario medio. Pues bien, a pesar del tirón de la primera legislatura, ahora mismo el salario mínimo interprofesional se eleva a 600 euros (brutos) mientras el salario medio alcanza los 1.693 euros -siempre en bruto- por mes, es decir, el 35%.

Pues bien, el PSOE se ha cansado de ser bueno, y ha decidido que, para 2009, el SMI suba un 3,5%, pegado a la inflación, como quien dice, en la mejor tradición Aznar. O sea, que puede subir el tal salario unos 21 euros al mes, ojo brutos, que se quedaran, pongamos en 12-15 euros. A lo mejor, con eso ingresos extra, los del SMI se dedican a compra estructurados Lehman o, quién sabe, almuerzan en Nueva York con Bernard Madoff y se dan a la orgía crematística.

Es verdad que el actual Gobierno Zapatero se ha mostrado absolutamente inútil contra la crisis económica, pero, al menos, convendría que mantuviera algunos de los buenos hábitos adquiridos. Por ejemplo, el de subir el SMI por encima de la inflación. Ahora mismo no recuerdo ningún otro ejemplo de excelencia en la política económica de ZP, pero es que ando mal de memoria.

Eulogio López

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