El sustituto sería Manuel Polanco, que cada día manda más en el Grupo. De la Vega ha abandonado a Cebrián, ya que sólo le queda el apoyo del Felipismo y de Rubalcaba. Jaume Roures exige lo mismo que Moncloa: no soporta a Cebrián. Por otra parte, Vivendi se desliga de las negociaciones por Digital . Ahora, la oferta de PRISA -que no gusta en Telefónica- es que la operadora se haga con un 40% del capital y que PRISA conserve la mayoría

ZP admira y necesita al Grupo PRISA. A quien no admira ni cree necesitar es a Juan Luis Cebrián, a quien sencillamente no soporta. Y el presidente es rencoroso.

Por otra parte, el consejero delegado de PRISA ya ha superado los 65 años de edad y no se entiende con Jaume Roures, de Mediapro-La Sexta, por lo que la fusión no es posible. Ambos personajes, en su inefable humildad, se niegan a verse las caras, mucho menos a negociar una fusión.

Al mismo tiempo, en PRISA cambian las actitudes y los protagonistas. Si al fallecido Jesús Polanco le llegan a decir que su hijo Manuel, cuya querencia empresarial nació anteayer, iba a adquirir todo el protagonismo en el Grupo no se lo creería. Pues bien, juntando dos elementos llegamos al pacto: Moncloa volvería a velar por los intereses de una agobiada -por la deuda- PRISA a cambio de que jubilaran a Cebrián y Manuel Polanco, que ha tomado las riendas de la división audiovisual, le sustituya como consejero delegado y mandamás de PRISA.

Lo cierto es que a Cebrián ya sólo le queda el apoyo del Felipismo -y los felipistas andan al acecho- y del titular de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. La vicepresidenta De la Vega le ha traicionado y se ha inclinado ante el superior criterio de su jefe inmediato. Si en algún momento, Cebrián ha estado en la cuerda floja, es en éste.

Al mismo tiempo, Manuel Polanco se ha encontrado con la negativa de Vivendi a comprar Digital . Y es que aquí nos habíamos olvidado que Vivendi también atraviesa malos, muy malos, momentos. Y recordemos que Telefónica siempre ha colocado a Vivendi como pantalla.

Ahora bien, si consiguiera que Telefónica comprara un 40% (800 millones de según la valoración de la propia PRISA, que ya se ha reducido a 2.000 millones de euros) de la plataforma de pago y consiguiera colocar otro 40% de Santillana, los bancos se darían por medio contentos y PRISA ganaría tiempo, algo que necesita desesperadamente. Eso sí, aquí topamos con el efecto Slim: en sus negociaciones con PRISA, el mexicano ha dejado claro que él no acepta un 40%: sólo el 100 por 100. Telefónica prefiere compartir riesgos, pero con otro socio mayoritario que no sea PRISA, más que nada para que sus accionistas no les recuerden que suena raro eso de salir de un medio para volver a entrar en él.

Eulogio López

[email protected]