El presidente se aferra al sillón, a pesar de la disidencia en el PSOE y del consenso existente sobre su incapacidad ante la crisis. No acepta a Almunia como responsable económico. Felipe González le amenaza con la ruptura del PSC

El comisario saliente de Economía de la UE, Joaquín Almunia, hablará el viernes en Madrid y, naturalmente, aprovechará para arrearle una buena bofetada a ZP. Un día después, en el Comité Federal del PSOE, ZP exigirá adhesión inquebrantable a su persona.

El presidente del Gobierno atraviesa sus momentos más bajos. Ni su férreo control de las televisiones, el medio políticamente más poderoso de todos, puede ya conseguir que ZP no aparezca a los ojos de todos, también de sus correligionarios, como boxeador que ha recibido demasiados golpes para poder reaccionar, especialmente ante la crisis económica.

Al menos tiene tres problemas: en el partido, como una Leyre Pajín convertida en el hazmerreír del país, en el Gobierno, con unos ministros que ni se enteran de la política, ejercida desde Moncloa por cuatro personas: el presidente y los tres vicepresidentes. Y en el Parlamento, el más grave de todos, por cuanto Felipe González, su gran enemigo, le amenaza con los 25 diputados del PSC, que podrán forzar una derrota parlamentaria del Gobierno, lo que sí forzaría un adelanto electoral. Sin embargo esa derrota es muy difícil de conseguir.

En algo coinciden Zapatero y Montilla: para ambos, lo único importante es mantenerse en sus cargos actuales. Montilla quiere aclarar el Estatut catalán pero el Tribunal Constitucional no se pone de acuerdo y es muy probable que no se ponga nunca. Ahora bien, si el TC no asegura el sillón de Montilla, tampoco el de ZP estará claro en Madrid: ¿Se imaginan a 25 diputados del PSC rompiendo la disciplina de voto en los Presupuestos 2010? Está claro que el TC deberá retrasar la sentencia sobre el Estatut.

Y luego está lo de Pedro Solbes, una verdadera bofetada, como las de otros ministros expulsados: Sevilla, Bernat, Bermejo, etc. Por no hablar de Elena Salgado, en cuya capacidad para salir de la crisis muy pocos creen dentro del propio partido del Gobierno.

En cualquier caso, Zapatero está dispuesto a cambiar de política económica, a hacer gestos, a la vista de que la actual es un desastre que ya nadie puede ocultar. Sobre eso se ha logrado lo que podríamos llamar un consenso de mercado, que sólo niega Cándido Méndez por aquello de seguir cobrando subvenciones.

A lo que no está dispuesto es a aceptar a Joaquín Almunia como vicepresidente económico, entre otras cosas porque sabe que Almunia no le respetaría como superior jerárquico.

Elecciones anticipadas no, concesiones en política económica sí porque resultan imprescindibles. ¿Se imaginan, justo ahora, una encuesta del CIS negativa para el Gobierno?

Por si acaso, la secretaria general del PP, Dolores de Cospedal, asegura que el PP está preparado para gobernar ya.

¿Seguro?

Eulogio López

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