Jesús Colina es burgalés, está casado con una francesa y vive en Roma. Es lo que se dice un tipo internacional. Acaba de recibir el Premio Bravo, que concede la Conferencia Episcopal Española, porque, en contra de lo que usted, lector malpensado, creía, de vez en cuando, la jerarquía eclesiástica acierta a la hora de las críticas y de los parabienes, especialmente de estos últimos, donde su característica más acusada es la de galardonar a quien más te insulta (no, lector mal pensado, el cristianismo no es masoquista. En tal caso tira a hedonista).

La agencia Zenit lleva por subtítulo El mundo visto desde Roma. Y la verdad es que desde Roma se ve mucho mundo, es más, es la plaza informativa más importante del mundo, dado que la Iglesia es la institución más capilar del planeta. Cuando el ahorro gestionado llegó a España, Rafael Berrocal, que entonces dirigía la red de gestores de fondo del Banco Urquijo, la pionera y más importante, decía que sólo la Guardia Civil tenía más información que él, debido a su extensa red de agentes que metían la mano en el bolsillo (para rentabilizar, ¡eh!), incluso de los habitantes de pequeñísimas poblaciones. Pues bien, Colina consideró que era la oportunidad de ofrecer información por Internet. Desde entonces, Zenit se lee en los cinco continentes.

Le acompañan en los premios La Pasión, de Mel Gibson, un hito en la historia de la evangelización moderna (por cierto, hoy miércoles 27 sale a la venta el DVD de esta película al precio de 20 euros), y Popular TV, la cadena de televisión de la COPE cuyo principal objetivo debería ser demostrar que si el cine católico es posible, y la información católica en Internet también lo es, la televisión católica no tiene por qué ser una utopía.

Volviendo a Zenit, el bueno de Colina ha logrado un medio universal sin ceder un ápice en sus principios cristianos. Zenit es hoy una referencia para todos los cristianos en diversas lenguas (ahora mismo emite en seis idiomas). Al final, se ha convertido en el medio católico más leído en países donde el catolicismo está perseguido. En definitiva, Zenit enseña el camino.

Hasta aquí la profesionalidad de Jesús Colina. Una maravilla, pero entra en el terreno de lo presumible. Si cruzamos la frontera y penetramos en el numinoso universo del milagro, nos topamos con una agencia Zenit (se me olvidaba, www.zenit.org) que ha conseguido no ser el portavoz de una parte de la Iglesia frente a otra, sino aceptada por todos. Y eso, queridos amigos, es el milagro por el que Colina merece, no ya el Premio Bravo, sino el Príncipe de Asturias de la Concordia. Que no se lo darán, naturalmente, porque el muy tonto se empeña en ser fiel a su fe. Y claro, así no hay forma.

Eulogio López

;colbsp;