• Y ya no procede de Pemex -peligro que nunca existió- sino de las petroleras europeas, a quien no se puede vetar el Ejecutivo español.
  • Lo más remisos a firmar son los financieros de Repsol: no se fían ni de la capacidad ni de la liquidez de los bonos argentinos.
  • Y no vendrá de México, sino de Europa y de la salida de Pemex.
  • El pacto de Rajoy con Peña Nieto: un astillero gallego a cambio de la estabilidad de Repsol.

A la hora de cerrar esta edición de Hispanidad comenzaba el Consejo de Administración de Repsol que, muy probablemente, aprobará el acuerdo velocísimo con YPF para retirar todas las demandas por la expropiación del Gobierno Cristina F. de Kirchner.

Y se hará. Por cierto, qué casualidad, el acuerdo con YPF fue forzado por el presidente mexicano Peña Nieto, en favor de su Pemex...  y Rajoy cedió. Pues 24 horas después, nos enteramos de que Pemex va a dar trabajo al astillero gallego Hijos de J Barreras. Es decir, salva un astillero en concurso de acreedores, con una facturación máxima de 2.400 millones de euros, a cambio de desestabilizar a Repsol, la primera empresa industrial del país. ¡Cómo negocia don Mariano!

Porque, para entendernos, tras el acuerdo sobre la expropiación de YPF, Repsol no se ha estabilizado. Es más: sigue en peligro de OPA, ahora más que antes. No había tal peligro con Petróleos de México, empresa extracomunitaria que el Gobierno español podía proteger mediante un veto a Pemex, pero sí con las petroleras europeas, como Total o ENI, que siempre han mirado anhelantes a una Repsol más pequeña que ellas pero más rentable.

Y hay más: ahora, lo más probable es que Pemex venda su participación del 10% en Repsol para explotar Vaca Muerta, el yacimiento de Repsol. Con ello puede inclinar a la baja la cotización de la petrolera a medio plazo y bajar su precio. Repsol es una joya: poca deuda, rentable y de tipo medio. Cualquiera de las grandes petroleras estaría dispuesta a hacer un esfuerzo por quedarse con ella.

Por cierto, los más remisos a aceptar el acuerdo con los argentinos son los financieros de Repsol (y el primer financiero de Repsol es su presidente, Antonio Brufau). Y esto por una razón sencilla: se les va a pagar en bonos argentinos no emitidos.

Y hay dos razones para desconfiar de ellos: los argentinos tienen poca capacidad para colocar bonos de deuda en los mercados financieros y, si logran colocarlos, su liquidez puede ser mínima. Y estamos hablando de que Repsol puede convertirse en el tenedor de una deuda ilíquida y/o a la baja. Genial.

Brufau estaba en lo cierto: lo mejor era haber mantenido las espadas en alto. Pero la osadía no es una de las virtudes del Gobierno Rajoy.

Eulogio López

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