Los políticos se han repartido -again- el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ)  (en la imagen Gonzalo Moliner), un órgano que ya nació gafado por la errata de su inscripción en el BOE, en plena transición, cuando dio en llamarse Consejo General del Joder Judicial. Por cuotas, como en una democracia, sólo que en un democracia se supone que los jueces vigilan al poder.

Insisto en que a nada temo más que al Gobierno de los jueces. Al parecer, a los españoles les ocurre algo similar porque se fían tan poco de los políticos como de los jueces. Pero a ellos, a unos y a otros, parece no importarles demasiado.

Dejemos a un lado la elección popular de todo cargo judicial, que es lo que y propondría si no hubiéramos alcanzado los niveles de sectarismo que hemos alcanzado ya en esta materia. Optemos por una tercera vía, más moderada.

Por ejemplo: acepto que la función de juez o fiscal proceda de una oposición, pero a partir de ahí el escalafón del poder judicial bien podría venir de una elección popular.

A fin de cuentas las actuales asociaciones de jueces están tan ideologizadas como los partidos políticos y ejercen parecido papel al suyo.

Y, además, respecto a la cúpula de la Administración de Justicia, pongamos el Tribunal Supremo y el Constitucional, fuera elegido también por los ciudadanos.

¿Acaso podemos elegir a nuestros máximos gobernantes y no a nuestros máximos jueces

Eulogio López

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