Que no, que el problema no está en los salarios de los altos ejecutivos, aunque es cierto que muchas veces resultan inmorales.

Como ya hemos informado, en España la CNMV parece -sólo parece, por ahora sólo contamos con una declaración de intenciones- que la CNMV va a aplicar la recomendación -sólo una recomendación- sobre salarios de ejecutivos de empresas cotizadas. En ese proyecto se dan todos los pasos: que se sepan lo que cobran a título individual, consejeros y directivos, sobre todo directivos, e incluso la parte sustancial, que los accionistas, no sólo sepan, sino que, además, sean los accionistas quienes aprueben dichos salarios.

Pero, con todo, la cuestión no es lo que cobran los ejecutivos bancarios, sino lo que  hacen. Centrarse sólo en los salarios es propio de capitalistas demagogos y de socialistas a la vieja usanza, aquéllos que no quieren destruir a los ricos sino imitarlos y que más que una ideología están corroídos por una envidia feroz.

Así, conviene resaltar la polémica en Reino Unido por el señor Fred Goodwin, quien se embolsará una pensión anual vitalicia que no alcanza los 750.000 euros cuando el señor Botín pagó 110 millones de euros, un lustro atrás, y de una sola tacada, al señor Corcóstegui, también en concepto de pensión, aunque sólo fuera para librarse de él. Dicho de otra forma, ¿cuántos años tendría que vivir Goodwin para igualar a Corcóstegui? No sé cuántos tiene pero, a ojo de buen cubero, pongamos unos 200.

Oiga, y en España la prensa calladita y los tribunales alabando al señor Botín (a Amusátegui, el otro pensionista de oro, y a Corcóstegui, ni una palabra, porque los reyes muertos apenas precisan epitafios).

Dicho de otra forma, la cuestión no consiste, como afirman los grandes líderes mundiales, los plutócratas del G-20 en tono demagógico, rebajar los salarios de los altos ejecutivos bancarios culpables de la crisis porque eso no lo van a conseguir jamás. Existen muchas formas de pago.

No, lo que hay que hacer es penar fiscalmente -donde más les duele, allí donde su cerebro anida, en su faltriquera- las actividades especulativas que dan lugar a esas remuneraciones multimillonarias y que, encima, destrozan la economía real: titulizaciones, capital-riesgo, hegde fund, seguros de crédito financiero y otras actividades que son las causantes de la actual crisis. Y cuando penalicen la actividad de los intermediarios, los brokers no podrán lucrarse con dicha actividad. Deberán dedicarse a aquello para lo que la bolsa fue creada: para apoyar al inversor de la economía real.

Y naturalmente, para evitar la fuga de capitales, esta subida fiscal de los productos especulativos -o reducción de los no especulativos, que igual me da- debe hacerse al alimón. Eso es lo que ningún líder, ni Obama, ni Lula, ni Calderón, ni los chinos ni los japoneses, han planteado en Pittsburgh. ¿Por qué será? El nuevo modelo financiero internacional consiste en eso, en separar las finanzas reales de las especulativas, en reducir el tamaño del mercado secundario.

Eulogio López

[email protected]