• Al menos una voz cuerda: Jens Weidmann, presidente del Bundesbank, asegura que "la impresión de dinero definitivamente no es la forma de resolverlo".
  • Con ello se enfrenta a las políticas de emisión masiva de la FED y del BCE.
  • Es falso que la deflación provoque el caimiento del consumo y la inversión.
  • Pero no gusta a los gobiernos porque favorece a los acreedores y perjudica a los deudores. Y el gran deudor es el sector público.

Algo de cordura queda en algún miembro del Sistema Europeo de Banco Centrales. Al menos eso ha demostrado el presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, contrario a la opinión de sus colegas del Consejo de Gobierno del BCE, incluido el presidente Mario Draghi (en la imagen), de comprar activos en los mercados para solventar la crisis porque como bien ha dicho el alemán hoy jueves en Die Zeit: "La impresión de dinero definitivamente no es la forma de resolverlo. Todavía pasarán años hasta que se eliminen las causas de la crisis". Y una causa de la crisis es el océano de liquidez en el que nos ahogamos.

Comprar activos, básicamente bonos, por parte de un banco central no es sino otra forma de inyectar liquidez o de dar crédito directamente desde el instituto emisor. Otra forma más, como bajar el tipo de intervención, tal y como hizo el BCE el pasado día 7 desde el 0,5% al 0,25%, porque anima a los bancos privados a tomar prestado para prestar, o rebajar, hasta tipos negativos, lo que remunera a esos mismos bancos privados por sus depósitos en el propio BCE, para que no atesoren liquidez y presten, tal y como se rumoreaba ayer por Bloomberg.

Una excusa es la deflación, que parece más terrible que la inflación, pero que no lo es. Otra es que el crédito no llega a los privados, con los que compiten deslealmente los Estados a través de los coeficientes de solvencia.

La deflación se plantea terrible: la gente ni consume ni invierte en espera de mejores precios y todo se para. Esto es falso. La verdad es que tenemos ejemplos de productos que siempre bajan de precio y no por eso la gente ha dejado de consumirlos o adquirirlos como bienes de inversión: la electrónica de consumo, la informática, la telefonía móvil…son claros ejemplos de mercados deflacionistas muy exitosos, probablemente por eso: por deflacionistas. Y estamos hablando de cosas que no son de primera necesidad.

No conozco a nadie que deje de comer o de vestirse en espera de mejores precios. Ya que los salarios están cayendo, dejen a la gente recuperar poder adquisitivo por la vía de la deflación. La gente ni consume ni invierte porque no hay renta.

La deflación no les gusta porque favorece a los acreedores y perjudica a los deudores, al revés que la inflación, y el gran deudor ya sabemos quién es: el sector público. La inflación devalúa la deuda, lo que transfiere riqueza desde el acreedor al deudor, y sube los impuestos sin necesidad de elevar los tipos de gravamen en los sistemas de imposición personal progresiva como el nuestro. La deflación hace exactamente al revés.

El crédito no llega ni va a llegar a las PYMES y familias mediante la compra de bonos en los mercados, por la sencilla razón de que ni unas ni otras emiten bonos. Las compras de bonos favorecen a los grandes deudores: grandes compañías y estados, que ven así abaratarse sus costes de financiación. Los bancos, además, no tienen interés en prestar al sector privado mientras no se exija capital por la inversión en deuda pública y sí por prestar a familias y PYMES.

Máxime si andan cortos de capital, tal y como andan y andarán con las nuevas exigencias que se avecinan a partir del próximo 1 de enero y durante los próximos cuatro años, por mor de Basilea III y su puesta en marcha por la normativa europea.

Draghi es italiano y Weidmann, alemán. Sólo las declaraciones de ambos son suficientes para entender por qué siempre confiamos más en el marco que en la lira. El euro debe decidir qué quiere ser: ¿marco o lira

Rubén Manso

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