Dos atentados en dos días sucesivos, en Volgogrado, antigua Stalingrado. Dos viudas negras, es decir, dos suicidas, han decidido llevarse por delante su propia vida y la de los desconocidos que les rodeaban. Dos muestras más de la violencia generalizada, que aparece como la marca de fábrica del siglo XXI.

Yo creo que si quieres saber lo que pasa en el mundo no leas las crónicas de Paquistán. Más bien observa a tu vecino. Mejor, obsérvate a ti mismo.

Y cuando lo hago siento que la ira es el común denominador de este tiempo. Una ira que ha dado lugar a una violencia generalizada, en oriente y en Occidente. Debe ser la cultura de la tristeza, de la que habla el Papa Francisco. Y ojo, no es violencia ideológica, política, militar o terrorista, aunque pueda tener ese origen: es la desazón del género humano en su conjunto, donde cada cual se revuelve contra el vecino más próximo, contra el prójimo, en el que vierte su propia desesperación.

Las viudas negras chechenas luchan contra Moscú, pero no atentan contra la persona de Vladimir Putin, sino contra desconocidos que iban a tomar el tren y que no les habían hecho ningún daño. No es venganza, es desesperación.

Incluidos los miembros de su propia familia. No es que tema un estallido de violencia general, es que la violencia general ya está aquí.

Eulogio López

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