Vete y vive recuerda unos hechos históricos tan recientes como olvidados para el ciudadano occidental: la llamada Operación Moisés que, en el año 1984, se llevó a cabo, a instancias de EEUU e Israel, para trasladar a los judíos etíopes (falashas) a Tierra Santa, a la tierra prometida de sus antepasados.   Estos judíos africanos dejaron su país a escondidas del régimen prosoviético de Mengistu, que prohibía emigrar, y cruzaron las montañas hasta los campamentos de SudánEn este primer puente aéreo se consiguieron salvar 8000 judíos etíopes, pero 4000 perecieron en el camino

 

Como ven el arranque de la historia era tremendamente  interesante pero, como estamos ante un director muy inteligente, Radu Mihaileanu (responsable de la divertida El tren de la vida), en Vete y vive  todavía se añade  un elemento que hace más dramático todo el relato: el protagonista de toda esta odisea es un niño cristiano, que malvive en un campo de refugiados de Sudán, al que su madre convence para que se salve de una muerte segura fingiendo que es judío.

 

En su nuevo hogar, en Jerusalén, este niño, Schlomo, descubrirá el amor, el judaísmo, pero también el racismo que sufrieron en Israel  los únicos judíos de raza negra del mundo.Eso sí, Schlomo nunca llegará a olvidar  a su auténtica madre, que se quedó en el campamento de Sudán, y que renunció a él  para salvarle de la hambruna

 

No exagero si les comento que Vete y vive cuenta con un arranque magistral, un comienzo con una enorme carga emotiva, lo que se suele denominar  cine con MAYUSCULAS. Les adelanto que pocas veces una película consigue transmitir tantas sensaciones en el espectador como esta historia de un  niño desarraigado, criado en una familia judía de izquierdas, que llegará a sentirse confuso sobre su lugar en el mundo.    Para  los que conozcan la  filmografía de Mihaileanu, Vete y vive vuelve a incidir en  un tema habitual en la filmografía de este cineasta: en el buen impostor.

 

Eso sí, este magnífico drama pierde algo de fuelle tras el paso de la niñez a la adolescencia del protagonista (por cierto, Sirak M. Sabanat, el actor que hace de Schlomo de adulto fue, en la vida real, uno de los niños rescatados en la Operación Moisés). A pesar de ello la película, aunque menos emotiva, sigue resultando interesante por ese retrato en el que desfila la historia y   la política de Israel a lo largo de los últimos 20 años.

 

Tragedia y comedia se entremezclan en un film que rebosa  humanidad y esperanza en el ser humano.

 

Para: Los que les guste ver películas que merezcan la pena. Películas emotivas, para reflexionar sobre el mundo que nos rodea