Durante la mañana del miércoles 15, el presidente del Santander Central Hispano, Emilio Botín, presidió un acto de los que le gustan, sin riesgos previsibles: un acto de la Fundación Marcelino Botín, primer accionista del primer banco del país, con más del 2%. Botín cederá El Promontorio, la que fuera la residencia particular de su padre, Emilio Botín López, que mira a la bahía de Santander, para actos de la Fundación y, en resumen, para la capital cántabra, a la que pretende convertir en una referencia cultural.

La preocupación de Botín por la educación es el resultado del deseo de sus asesores de imagen de ablandar lo que llaman aristas duras del banquero más poderoso de España. Está claro que el papel de mecenas ablanda la imagen pública de los plutócratas.
 
En cualquier caso el propio Botín explicó que la Fundación Marcelino Botín dedicará sus mejores esfuerzos a la educación y la investigación. Y aquí es donde empiezan las preocupaciones. Según Botín, las prioridades serán el SIDA, la hepatitis C y la investigación con células madres y ahí llega el problema: ¿Está diciendo Botín que va a pagar la investigación con células madre adultas? Eso sería estupendo y se han conseguido grandes avances por esta vía. O por el contrari ¿Está diciendo Botín que va a financiar la investigación con células madre embrionarias, es decir, aniquilando embriones humanos? Porque en ese caso, el Santander, se ponga como se ponga, estaría financiando la utilización de seres humanos como cobayas.