El catedrático de Historia de la Universidad de Alcalá de Henares, Javier Paredes, ha escrito un artículo que merece la pena releer. En primer lugar por la machada, y más en catedrático de universidad, de comenzar con una cita, no de Adam Smith o de don Carlos Marx, sino con el último mensaje de la Virgen María en Medjugorje. Este chico nunca hará carrera como intelectual. Lo que viene a decir don Javier a raíz de las palabras de Nuestra Señora es que el mal del mundo actual es el mal menor. El enemigo de la libertad en el siglo XXI no está entre masones o comunistas sino entre cristianos tibios, incoherentes con sus principios. Él no concreta porque estos cátedros son muy finolis, pero cuando habla del partido único que tienen aherrojados a los católicos está hablando de Partido Popular. Un partido para juntarlos a todos y atarlos en las tinieblas, en las tinieblas de la incoherencia... aunque con cargo público. Sí, el PP ha esclavizado a los católicos porque la mayoría de ellos consideran que si no votan al PP tendrán al PSOE, lo cual es peor. ¿Qué es peor? ¿El adversario cruel o el compañero tibio? Mi respuesta es ninguno de los dos pero tiendo a embestir al primero.
Pero dejando a un lado la política, debo que decir algo más sobre el catedrático Paredes. Llevo 20 años riñendo con él sobre dónde está el enemigo, si delante o detrás, si hay que enfrentarse al mal mayor o al mal menor, dentro del consenso lógico sobre que la batalla es contra ambos. Yo siempre he mantenido que primero hay que lanzarse contra el enemigo mientras Paredes consideraba que el peor enemigo es el traidor. Yo me dedicaba a los herejes y él a los cismáticos, él me llamaba iluso, yo a él inquisidor. Pero ahora resulta que llega Benedicto XVI y le da la razón a Paredes, una ventaja artera y lamentable que no se cómo salvaré. Porque en el momento en que arreciaba la persecución contra la Iglesia  -violenta en Oriente, sectaria en Occidente- va Benedicto XVI -para que te fíes de los papas- y asegura que el mal está dentro, que el primer culpable de la persecución que sufre la Iglesia es el pecado interno de los propios católicos y que nada hubiera ocurrido si los que nos confesamos católicos fuéramos fieles a Cristo. Vamos que el enemigo está dentro porque es el de dentro: somos nosotros mismos. Se lo traduzco con la vulgaridad y simpleza que me caracterizan: que el problema no está en el PSOE sino en el PP.
Y si quieren que les sea sincero, esto de que los cátedros recurran a argumentos de autoridad, nada menos que al Papa de Roma o, lo que es peor, a la Inmaculada, a mí me cabrea bastante. Derrotado por el Paredes, sí, pero no pretenderán que me sienta feliz por ello, ¿verdad?
Eulogio López
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