En pérdida de vidas y en mentiras lanzadas, lo del hispano país de Venezuela es más grave que lo de Ucrania. Ahora bien, al mundo -y los mercados financieros, siempre tan miedicas- le preocupa más lo de Ucrania que lo de Venezuela, porque lo primero puede acabar en enfrentamiento internacional. Multilateral, en terminología políticamente correcta.

Y es que Venezuela es hispana y los hispanos somos cainitas: lo nuestro es la guerra civil, la guerra contra el vecino.

Ucrania preocupa más porque hablamos de pueblos eslavos y de la presión anglosajona, ambos más imperialistas, sobre todo los anglosajones, que los hispanos (hispanos, no latinos).

De entrada, la única alternativa cristiana al conflicto de Ucrania y Crimea es la paz. Lo lógico sería que Putin (en  la imagen) y Occidente llegaran a un acuerdo por el que la población ucraniana de origen ruso recibiera todas las garantías de que va a poder vivir donde siempre ha vivido y que Crimea siguiera siendo parte de Ucrania. No hay nada peor que mover las fronteras.

Pero sí quisiera insistir en que aquí no hay buenos ni malos y que Putin no es el malo de la película. La revolución ucraniana, un país de esencias cristianas, ligado a Polonia, ha sido aprovechada por unos líderes extremistas anti-rusos. Además, Rusia constituye la frontera este de Occidente frente a un Oriente islámico y panteísta. Sinceramente, yo estoy con Putin, aunque no me gusta su espíritu KGB de sacar los tanques a la calle a la menor oportunidad.

Pero aún me gusta menos el insensato de Barack Obama, siempre apoyando a los enemigos de la libertad y del cristianismo en nombre de una democracia formal. Recuerden la que ha armado Obama en Libia, Egipto, Siria, etc. Ahora mismo, Rusia, la antigua tierra de la feroz tiranía soviética, constituye un ejemplo ético para un Occidente degenerado.

En resumen, deberíamos estar con Putin, no con los nuevos líderes ucranianos -algunos de tendencias neonazis- que se han aprovechado de la indignación de la población para encaramarse al poder sobre algunos montones de muertos. Pero entraña el peligro de una guerra más global que la de Venezuela, es evidente.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com