• Ucrania se juega ahora que fructifique el principio de acuerdo entre el presidente y los líderes de la oposición para elecciones anticipadas.
  • Los últimos incidentes dejaron decenas de muertos en un escenario de pre-guerra civil.
  • Primado católico de Ucrania: "En nombre de Dios, condeno cualquier tipo de violencia, cualquier violación de los derechos humanos y de la voluntad del pueblo"
El presidente de Ucrania, Viktor Yanukovich, ha anunciado este viernes la convocatoria de elecciones presidenciales anticipadas y la aprobación de cambios constitucionales para volver a la Carta Magna de 2004, lo que supone una reducción de sus competencias como jefe del Estado, ha informado en un comunicado la Presidencia del país. En su escrito, el mandatario ha instado a la formación de un gobierno de unidad nacional. De esa forma, el país se asoma a la esperanza. A eso se ha llegado tras las negociaciones con los líderes de la oposición. Ahora, ese principio de acuerdo debe consolidarse.

Porque Ucrania vivió ayer jueves una nueva jornada de enfrentamientos entre manifestantes y policía que se saldó con decenas de muertos en una especie de pre-guerra civil que vive el país. En los últimos tres días han muerto al menos 75 personas y otras 400 fueron hospitalizadas, según los datos ofrecidos por el Ministerio de Sanidad.

Urge poner remedio a esta situación tan grave. Y por eso están presionando las grandes potencias para buscar una salida. Hoy hay motivos para un cierto optimismo.

Mientras, en la Plaza de la Indepencia de Kiev, epicentro de la protesta, la noche ha transcurrido en una tensa calma, aunque miles de personas permanecen aún en la plaza.

En las últimas protestas ha podido verse a opositores con armas de fuego y periodistas de medios internacionales denunciaron que las fuerzas de seguridad estaban usando munición real y francotiradores.

En cualquier caso, un reguero de sangre. Por eso, Mons. Sviatoslav Shevchuk, primado de la Iglesia greco-católica ucraniana, ha hecho un llamamiento al fin de la violencia que está asolando su país en los últimos días. El prelado ha pedido que todas las campanas del país repiquen en este momento tan peligroso, pues se corre el riesgo de un verdadero «fratricidio». También ha propuesto a los fieles que ayunen, recen y expresen su solidaridad a las víctimas, recogía Infocatólica.

Estas eran sus palabras: "Con gran preocupación debo decir que los llamados de las Iglesias al cese inmediato de la violencia y a la búsqueda de una solución pacífica al conflicto no han sido escuchados. En nombre de Dios, condeno cualquier tipo de violencia, cualquier violación de los derechos humanos y de la voluntad del pueblo.

Quisiera recordar con fuerza que quienes tienen el poder también tienen absoluta responsabilidad por lo que está sucediendo en el país. Llamo a cada persona para que se deje de derramar sangre inmediatamente. Pido a todos los hijos de la Iglesia que hagan ayuno, recen y expresen su solidaridad a las víctimas. En este momento en el que Ucrania vive el peligro de un fratricidio, hagan sonar las campanas de todas las Iglesias".

Como hemos explicado otros días, gran parte de las protestas de la ciudadanía ucraniana se dirigen contra un sistema y un Gobierno corruptos, en un país dominado por las mafias, quién sabe si también por las rusas. Para montar un pequeño negocio, los ucranianos deben pagar la correspondiente cuota al mafioso de turno. Los ucranianos creen que un acercamiento a la UE les ayudaría a salir de ese círculo vicioso entre poder, corrupción y mafias.

Pero la violencia debe cesar.

José Ángel Gutiérrez
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