La muerte no es el final. Homenaje a los que dieron su vida por España.

 

Esta canción (como otras casi quinientas más) fue creada por Monseñor Cesáreo Gabaraín Azurmendi en los tiempos en que fue capellán del Colegio Chamberí de los Hermanos Maristas, en memoria del alumno Esteban Aguinaco, que falleció víctima de un cáncer a los 13 años.

Posteriormente, esta canción (suprimiéndose la primera estrofa) fue convertida en el emotivo himno dedicado a los que dieron su vida por España. En todas las ceremonias castrenses se canta este himno en homenaje a todos los hombres y mujeres que entregaron valientemente su vida por la Patria:

Tú nos dijiste que la muerte
no es el final del camino,
que, aunque morimos, no somos
carne de un ciego destino.
Tú nos hiciste. Tuyos somos.
Nuestro destino es vivir
siendo felices contigo,
sin padecer ni sufrir.
Siendo felices contigo,
sin padecer ni sufrir.

Cuando la pena nos alcanza,
por un hermano perdido.
Cuando el adiós dolorido,
busca en la fe su esperanza.
En tu palabra confiamos
con la certeza que Tú:
ya le has devuelto a la vida,
ya le has llevado a la luz.
Ya le has devuelto a la vida,
ya le has llevado a la luz

Durante el acto de homenaje a los que dieron su vida por España, se realiza la lectura de los siguientes textos:

Lo demandó el honor y obedecieron,
lo requirió el deber y lo acataron;
con su sangre la empresa rubicaron
con su esfuerzo la Patria engrandecieron.

Fueron grandes y fuertes, porque fueron
fiieles al juramento que empeñaron.
Por eso como valientes lucharon,
y como héroes murieron.

Por la Patria morir fue su destino,
querer a España su pasión eterna,
servir en los Ejércitos su vocación y sino.

No quisieron servir a otra Bandera,
no quisieron andar otro camino,
no supieron morir de otra manera.

Posteriormente, el sacerdote procede a la siguiente lectura:

¡Oh Dios!, Padre nuestro y amigo de los hombres, que premias con generosidad los actos nobles de tus criaturas:
A cuantos hicieron oblación de sus vidas en el servicio de España,
concédeles tu amistad y el premio de la vida eterna.
Y a nosotros, los que caminamos aún aquí en la Tierra,
españoles de diversas creencias religiosas y concepciones de la vida,
ayúdanos a estar unidos en la construcción de la paz y de la justicia.

Por Jesucristo Nuestro Señor.

Amén.