La OEA le da a Honduras un plazo de 72 horas para restaurar la democracia. Este titular me ha convencido de que lo de Honduras es más que un despropósito: es el punto de inicio que el Nuevo Orden Mundial -ahora crecidísimo tras la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca- pretende para su gran cambio liberticida: dictaduras disfrazadas de democracia y países tutelados por un Gobierno mundial, más o menos explícito que, a través de la invocación del derecho internacional, otorga credenciales de legitimidad.

¿Qué es lo que puede hacer ahora el Gobierno hondureño de Roberto Micheletti? Pues resistir la presión del NOM, plantar cara al dictador Hugo Chávez, que pretende invadirles y ordenar a los dirigentes ONU, OEA y demás compañeros mártires -Cristina Fernández de Kirchner, por ejemplo- que tomen el mismo avión en el que llegaron y se marchen. De otra forma, la sombra de la tiranía democrática comenzará a cubrir al mundo.   

Los tiranos democráticos son aquellos que, como Adolfo Hitler, han llegado al poder por métodos democráticos y, una vez en el poder, se han encargado de controlar todos los resortes de poder, especialmente los medios informativos y los tribunales -que son los resortes más poderosos en el siglo XXI- para perpetuarse en ese puesto y cargarse la democracia. O sea, lo del amigo Manuel Zelaya, a quien ha prestado público apoyo, en una muestra más de hacia dónde camina la Presidencia española, el príncipe heredero, SAR Felipe de Borbón y Grecia. El nuevo Gobierno hondureño se ha visto apoyado por el Wall Street Journal, un diario del que no soy devoto pero que, al parecer, camina contra corriente.

Al mismo tiempo, todos los demócratas de Occidente deberían caminar en sentido opuesto: aquellos países, como España, que no limitan los mandatos de un presidente del Gobierno, deben ponerse manos a la obra, ahora mismo.

En la pequeña Honduras no se está librando una batalla por el poder, sino una batalla por la libertad en el mundo: conviene no equivocarse de bando.

Eulogio López

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