Sí, lo reconozco, no me caía bien el proyecto Eurovegas, la presunta gran inversión del ya presunto Sheldon Adelson (en la imagen junto a Rajoy e Ignacio González).  Narcotraficantes, prostitutas y gorilas no constituyen mi modelo de crecimiento económico favorito. No toda creación de puestos de trabajos sirve al bien común. Me recuerda lo de los keynesianos que llegaban más allá de Keynes y aseguraban que la guerra -por lo que representa de destrucción y reconstrucción- era un chollo para la economía.

Pero no es por la inmoralidad ludópata por la que el Gobierno Rajoy ha dicho no. Si hablamos de moral, don Mariano es todo un progresista: no sabe lo que está bien y lo que está mal ni quiere saberlo, y su alusión moral más profunda se produce cuando apela al sentido común. Un gran sentido, pero que, por mor de la modernidad, sigue siendo sentido pero ha dejado de ser común.

No, el Gobierno ha dicho 'no' a Sheldon Adelson, no por inmoral sino por listillo (que es una forma de inmoralidad, pero dejemos eso). Además de exigir que le pagaran los terrenos, le financiaran la inversión, le redujeran los impuestos, la chorrada del tabaco, etc., el amigo americano pretendía que si algo cambiaba -todo cambia en política, cada día- se le devolviera, no sólo lo invertido -financiado en su mayor parte- sino el lucro cesante. ¡Y átenme esa mosca por el rabo!

Sólo el hecho de que este viejecito retorcido se haya atrevido a formular tamaño despropósito significa que la imagen de España -la marca España- en el mundo ha bajado enteros. Le exige eso a Vladimir Putin y le fusila en la Plaza Roja. Pero con España todo vale, entre otras cosas porque algunos empresarios españoles, por ejemplo la Triple A (Abengoa, Acciona y ACS, o lo que es lo mismo, Javier Benjumea, José Manuel Entrecanales y Florentino Pérez), se han dedicado a maldecir a su patria dentro y fuera del territorio nacional, aullando que en España no existe seguridad jurídica. Lo que, naturalmente, justificaría la chulería de Adelson.

Por una vez y sin que sirva de precedente, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, anduvo fina: sin concretar pormenores, doña Soraya recordó que un Gobierno no puede otorgar indemnizaciones con efecto 'retro-proyectivo': si cambio la ley tengo que indemnizarte.

Pero no nos podemos quedar ahí. Caminemos por el proceloso argumentario del estafador Adelson. Si nos mantenemos en su lógica de chiflados, la de Adelson, toda norma, tiene carácter retroactivo y provoca inseguridad jurídica, desde el momento en que modifica la realidad y la trasforma en otra.

Ejemplo. Si el Gobierno español decide subir el impuesto de sociedades a los empresarios españoles, el señor Adelson podría solicitar que le devolvieran su inversión en Eurovegas de inmediato, así como el lucro cesante durante el periodo de la concesión… porque las reglas del juego -del juego fiscal- habrían cambiado. ¿Nos hemos vuelto todos chiflados o sufrimos de enajenación transitoria

¡Váyase en buena hora, señor Adelson! y trate de colocar esa estafa a los chinos (donde ya está radicado). Sí, a China, que cuenta con una proporción de ludópatas solo un poco inferior a su número de habitantes. A ver si con ellos se permite estas veleidades.

Y los españoles, a ver si aprendemos. No sólo porque Adelson se dedique a un negocio bastante repugnante y no sólo porque que nos haya humillado y tomado el tupé. A ver si  aprendemos que no necesitamos a ningún mafioso del juego para invertir y crear puestos de trabajo. Lo podemos hacer nosotros mismos, sin pasarle la mano por el lomo a un jetas.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com