Reunido en Francfort en la mañana del lunes 6, el Comité de Dirección de BCE decidía mantener el precio oficial del dinero en el 2.75%, aunque el mercado está ya descontando nuevas subidas de tipos en la zona euro.

Mientras, a ambos lados del Atlántico se recrudece el debate sobre la influencia de la política monetaria en las distintas economías. Tras un quinquenio de dinero barato tanto en Europa como en Estados Unidos, se ha vuelto a demostrar que una economía estancada no crece porque baje el precio del dinero. Las empresas no invierten porque endeudarse les resulte más barato, sino porque ven oportunidades de negocio.

Sin embargo, la subida de tipos sí influye, y no poco, sobre el consumo. Especialmente en economías particulares muy endeudadas como ocurre en España, donde el coste de las hipotecas lastra las economías familiares y como las hipotecas son a largo plazo y lo último que el español deja de pagar es el piso, los que están ya sufriendo a costa del dinero caro son otro tipo de consumos, aquellos que se realizan a más corto plazo o aquellos que no se consideran prioritarios. Así, en toda Europa se ralentiza la compra de automóviles y se resienten las ventas de las empresas de cuota: viajes vacacionales, televisión de pago, crédito al consumo, servicios sanitarios, seguridad, etc.

Jean-Claude Trichet, presidente del BCE, insiste no obstante, en que la economía está recalentada y que se precisan nuevas subidas de tipos. Además, algunos países como es el caso de España mantienen un precio del crédito por debajo de la inflación.