El Papa Benedicto XVI en su discurso a los gobernantes, diplomáticos, líderes religiosos y personalidades del mundo de la cultura de Oriente Medio, formuló compartir con todas las religiones y culturas la revalorización del respeto mundial a toda vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural.

Para mantener la paz "es necesario promover por todas partes una cultura de la vida". ¡Si queremos la paz, defendamos la vida!

Por otra parte, en cada aborto existen siempre dos atormentados: el chiquillo y la mamá por lo que, los que incitan a la interrupción voluntaria del embarazo desde diversas áreas de la instrucción, de la información o de la administración, todos quedan dañados porque, quien ejecuta una vileza, padece un quebranto mayor que aquél que la padece; se devasta por dentro y, en el fondo, se menosprecia.

En una colectividad en la que se asesinan, anualmente, más de cien mil abortos, es una humanidad con millones de atormentados; con mortales cuchilladas en lo más recóndito de su ser.

Una importante poetisa, que ha desfilado por la experiencia del aborto, matando a su propio hijo saltarín dentro de sus entrañas, afirmó: "Veo a mi niño en los sueños. Después de este acto sólo hay dos posibilidades; o te embruteces y sigues matando, o te conviertes y luchas por la vida".

En el caso del aborto, el desliz forzado asoma, habitualmente, con el síndrome post aborto. El psiquiatra estadounidense Wilke suele concretar que "es más fácil sacar al niño del útero de su madre, que de su pensamiento".

Desde el mismo instante de la fecundación, otra persona humana está en el claustro materno. Prevalece un nuevo ser humano en el universo, que ha sido concebido para la inmortalidad. Del tal forma que, cuando una joven arriba a un chiringuito abortista, se puede afirmar que penetran dos y que aflora uno; el más frágil e inerme se ha mudado a un viaje sin retorno.

El aborto es una verdadera crueldad que origina mucha amargura tanto física, psíquica, anímica como espiritual. La Deidad continuamente admite nuestra contrición y nos empuja a mudar de vida. Su indulgencia produce una honda conversión en nosotros; nos rescata de la ofuscación interior y cura las llagas.

Urge implantar una nueva "cultura de la vida", garantizar un nuevo estilo de vida, dando un argumento seductor de la hermosura de la fe. El Papa Benedicto XVI afirmó que "haber  permitido el aborto no sólo no ha resuelto los problemas que afligen a muchas mujeres o núcleos familiares, sino que ha abierto una ulterior herida en la sociedad, ya gravada de profundos sufrimientos".

Por último, "una sociedad abortista se hace inhóspita. Con el tiempo, reinará la tiranía y la arbitrariedad en todos los ambientes. Es como una enfermedad infecciosa que se contagia", afirmó la profesora de la Universidad de Navarra, Jutta Burggraf.

Clemente Ferrer
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