Sr. Director:

La muerte del fundador de Apple, Steve Jobs, ha conmocionado al mundo. De él tenemos mucho que aprender.

 

Hasta de los fracasos, ya que a los 30 años le despidieron de Apple y tuvo que comenzar de nuevo, aprenderlo todo otra vez. Decía que eso le hizo más creativo y más fecundo.

Le gustaba hablar del amor cuando se refería al trabajo, en una época como la nuestra en que con tanta frecuencia sucede lo contrario. Jobs estaba convencido de que sólo se hace bien lo que se ama.

¿Y, por qué le conocimos? Porque su madre, una estudiante que se quedó embarazada, prefirió darlo en adopción en lugar de librarse de él. ¿Cómo podrían imaginar Clara y Paul Jobs, el matrimonio que lo adoptó, que en el garaje de su casa su hijo revolucionaría el mundo con unos ordenadores?

Serían muchas las preguntas que se hicieron. Tantas como las que debieron formularse Joane y Abdulfattah Jandali cuando se enteraron de que la criatura que ellos habían cedido, era una persona con capacidad de superar el formalismo, sometiéndolo a la crítica de lo que es verdaderamente necesario.

A veces no le entendíamos cuando intentaba decirnos que la vida tiene sentido, algo que hoy olvidamos con frecuencia.

Descanse en paz Steve.



Rita Villena