• El gigante asiático es propiedad del fondo soberano chino CDH Investment.
  • Las normas de seguridad alimentaria en China dejan mucho que desear.
  • Y otra cuestión, no menor: ¿deberían las empresas alimentarias quedar en manos de fondos de inversión, esto es, de especuladores
  • El grupo chino pagará unos 5.504 millones de euros a la norteamericana Smithfield Foods por su 26,9% de Campofrío.

El accionariado de Campofrío es el siguiente: Smithfield Foods tiene el 36,9%; Oaktree, el 24,5%; la familia Ballvé, el 12,8%; Banca Cívica todavía posee el 4,1%, y la familia Díaz un 3,7%. Luego hay otros accionistas que poseen el 18%. Como se ve, la familia Ballvé hace tiempo que perdió el control de la compañía.

En 1952, José Luis Ballvé fundó Campofrío, coincidiendo con la desaparición de la cartilla de racionamiento en nuestro país. En 1077, la estadounidense Beatrice Food compró el 50% de la compañía. En 1985, Pedro Ballvé Laterno (en la imagen) asumió la presidencia del grupo, con 43 años. Dos años después, en 1987, Pedro pidió un crédito de 10.000 millones de pesetas al Banco Central -del que era consejero dominical- para recuperar el 50% de la acciones de la empresa, entonces en manos de un especulador norteamericano.

Ahora, en 2013, la compañía ha caído definitivamente en manos de otros especuladores. Concretamente, en manos de Shuanghui, una de las cárnicas más grandes de China, propiedad a su vez del fondo soberano -del Gobierno comunista chino- CDH Investment. Goldman Sachs también participa en Shuanghui, pero de manera minoritaria.

Si en algo se ha caracterizado China no es, precisamente, en cuidar las mínimas normas de seguridad alimentaria. Es más, el gigante asiático ha visto a lo largo de estos últimos años, cómo le han salpicado distintos escándalos, algunos con víctimas mortales incluidas. El que nos atañe es de 2011, y la empresa que ahora compra Campofrío estaba en el ojo del huracán: el escándalo de la carne de cerdo contaminada. Cinco personas fueron condenadas, una de ellas a pena de muerte suspendida. Los cerdos fueron alimentados con clenbuterol para producir carne magra, que en China se vende más cara.

Por supuesto, Shuanghui, una de las mayores productoras de carne de cerdo del país -y del mundo- y una de las que vendió esa carne contaminada, salió indemne. Claro que la empresa es propiedad del Gobierno comunista chino. Durante el juicio, los procesados alegaron lagunas en la supervisión de las compañías cárnicas y del Gobierno.

Otra cuestión para tener en cuenta, es el hecho de que Campofrío caiga en manos de fondos de inversión a los que lo único que les importa es comprar a un precio para vender más caro. Lo llevan en su ADN. Imaginen, por ejemplo, que por motivos de salud pública, el Ministerio de Sanidad impone a Campofrío que renueve ciertas máquinas de su línea de producción. ¿Creen que un fondo de inversión se va a meter en esa inversión Vendería, y punto. Sin embargo, si eso mismo le ocurre a un empresario y propietario de esa industria, hará lo que sea por hacerlo, aunque para ello tenga que pedir un crédito. Para él, la calidad de su producto es lo más importante (además de ganar dinero, por supuesto).

En este nuevo capítulo de la historia de Campofrío, el grupo chino pagará unos 5.504 millones de euros a la norteamericana Smithfield Foods por su 26,9% del grupo. Ya veremos en qué queda la empresa que, hasta ahora, ha sido símbolo de calidad cárnica.

Miriam Prat

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