El Gobierno laborista ha divulgado una campaña publicitaria para disminuir el porcentaje de abortos entre las adolescentes de 13 a 15 años y que están abocadas al fracaso escolar, al derroche de drogas y a los roces carnales precoces.

La acción está basada en el impulso del sexo seguro mediante el empleo del profiláctico, ha tenido el efecto contrario: el 16% de las jovencitas que se acogieron al plan han resultado embarazadas.

Según el análisis, efectuado por indagadores del Institute of Education de la Universidad de Londres y del London School of Hygiene and Tropical Medicine, se descubre que la proporción de adolescentes que se han trabado en las relaciones carnales, son más proclives a trocarse en madres jóvenes.

Los corolarios de la investigación son lúcidos: No existe evidencia de que el plan haya servido para retrasar la práctica sexual ni la tasa de embarazos, alcoholismo o consumo de cannabis. Más bien, algunos indicadores muestran que se ha obtenido el efecto contrario.

Para el dirigente conservador Alan Duncan está claro que la estrategia del Estado ha naufragado: El hecho de que Gran Bretaña tenga el índice de embarazos de adolescentes más alto de Europa es debido a que existen más chicas que abortan y, también, por el creciente índice de relaciones sexuales que está conduciendo a un aumento de enfermedades de transmisión sexual entre las adolescentes.

En un reportaje publicado en MercatorNet, la diputada Carolyn Moynihan, se interpela por qué a las jerarquías anglosajonas no se les ha ocurrido plagiar la buena idea estadounidense de la abstinencia: Aunque les disguste a los partidarios del sexo seguro, la realidad es que en Estados Unidos las relaciones sexuales y los embarazos precoces cayeron durante los años en que los programas de educación para la abstinencia contaban con el apoyo del gobierno federal. La advertencia de Moynihan es clara: Si el Gobierno británico cree que va a controlar las consecuencias de los embarazos con preservativos, está soñando.

Por otra parte y según la información publicada en el rotativo Uganda´s Demografiphic and Health Survey, el 93 por ciento de los ugandeses han mudado su práctica sexual para enfrentarse a la pandemia del sida.

Clemente Ferrer 

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