Sr. Director:
Recientemente leía un titular en no se qué periódico digital: algo así como que el dueño de un bar (no sé si en Murcia o en otra ciudad), ayudado de otros compinches, había pegado una paliza a dos homosexuales.

 

Eso sí es homofobia, y es reprobable moral y jurídicamente, de modo que los autores deben ser sancionados penal y civilmente, indemnizando a las víctimas.

Todo hombre (incluyendo la mujer), por el mero hecho de serlo, tiene una dignidad como tal, con independencia de su raza, color, lugar de nacimiento, sus creencias, su religión o sus inclinaciones sexuales. Merece el máximo respeto. Desde su concepción hasta su muerte natural.

¡Qué distinto sería el mundo si todos nos respetáramos unos a otros! Si supiéramos ejercer nuestros derechos, pero también cumplir nuestros deberes. Porque hoy día sólo se habla de derechos, pero se conculcan (incluso los más elementales) y se inventan nuevos derechos.  Y no se habla de deberes. Somos libres, pero también hemos de ser por eso mismo responsables. No somos animales irracionales.

Y siendo conscientes de que los derechos de uno terminan donde empiezan los de los demás. Si dos personas libremente tienen un hijo, han de actuar en todo momento en interés de ese fruto de su amor, subordinando sus intereses al del menor. Y ello no sólo significa alimentarle físicamente. Ahí tenemos el caso de un menor gallego al que los Servicios Sociales de la Xunta pretenden arrebatar de sus padres por obesidad, asumiendo su tutela por desamparo.

Significa también procurar el desarrollo integral de su personalidad, no sólo su salud física, sino también su salud psíquica o psicológica (artículo 154 del Código civil, en la redacción dada por la ley de 28-12-2007). No tendría sentido que un progenitor no pudiera pegar, tras esa reforma legislativa, un simple cachete a su hijo (aclaro que no soy partidario de tal conducta), y, sin embargo, pudiera maltratarle psicológicamente.

Lo dicho. ¡¡¡Qué distinto sería el mundo!!!

Dentro de unos días, el día 20 de noviembre, es el Día Internacional de la Infancia. Se cumplen  veinte años de la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño.

Recomiendo su lectura. Su artículo 52 señala que "Todo Estado Parte podrá denunciar la presente Convención mediante notificación hecha por escrito al Secretario General de las Naciones Unidas. La denuncia surtirá efecto un año después de la fecha en que la notificación haya sido recibida por el Secretario General".

Que yo sepa, ningún Estado no la denunciado, España incluida. Pero su texto ha quedado, veinte años después, en papel mojado.

¿Eso es progreso? ¿En dónde ha quedado la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948?

¡¡¡Si hasta la ONU ha cambiado!!!

Fernando Ferrín Calamita