Tiene toda la razón el presidente de Acciona y de Endesa, José Manuel Entrecanales, cuando afirma que la lucha contra el cambio climático supone un reto de tal magnitud que precia la "acción conjunta de los gobiernos y la sociedad civil". Así es: el Gobierno paga y la sociedad civil cobra. Para ser más exactos, cobra el señor Entrecanales, primer productor de energía solar y segundo eólica, y pagamos todos, porque el Gobierno, por sí mismo, tampoco aporta nada propio: sólo recauda.

Ahora bien, una frase tan tonta y un discurso tan hueco como el pronunciado hoy por don José Manuel sólo es posible cuando eso que llaman la sociedad vertebrada está adormilada. Y lo está, pueden creerlo. Ni un sólo accionista tomó la palabra, aunque el patio central de la sede corporativa de Endesa, estaba repleto. Cuando Endesa convoca a los analistas el presidente delega su anhelada presencia en el Servicio de atención al accionista o de la Dirección financiera y, naturalmente, no hay rueda de prensa.

En la Junta, don José Manuel siguió las técnicas de su admirado ZP y colocó a los periodistas en un palomar, para que le siguieran a través de una pantallas -creo que eran de plasma- y, sobre todo, para que no pudieran dirigirse a él. Lo mismo que hace el presidente del Gobierno en las campañas electorales y en los viajes de Estado: los periodistas, al palomar, para que sigan "virtualmente" los acontecimientos. Los galácticos no hablan con los mortales. En definitiva, -quién habló progreso- volvemos a los viejos tiempos:

-Señora Marquesa, han llegado los periodistas.

-Dígales que pasen y denles de comer.

El catering de Endesa, pueden creerlo, estaba delicioso.

La era de la transparencia se terminó. Ha sido corta, no ha llegado al cuarto de siglo y, lo que es peor: los periodistas hemos sido domesticados y ya ni nos preocupamos en protestar, en exigir el contrato directo con el líder ni abrimos la boca para suprimir el cinturón de directores de comunicación que protegen al gran hombre.

Eso sí, hemos ganado mucho en rigor. Lo cual significa, pueden creerlo, que los periodistas nos hemos convertido en esclavos que se creen libres, que es el peor tipo de esclavitud. Y tampoco lo duden: cuanto más presumamos de rigor más mentiras estamos contando. Eso sí, mentiras muy rigurosas.

Eulogio López

eulogio@hispanidad.com