Yo no sé qué es la inteligencia. Me pasa lo mismo que a San Agustín con el tiempo: si me preguntas qué es la inteligencia respondo que no lo sé; si no me lo preguntan, lo sé.

Son muchos los que aseguran que Tomás de Aquino, cuya festividad celebramos el 28 de enero, fue la inteligencia más portentosa del género humano. Sigo sin saber qué cosa es la inteligencia pero la acepto.

El doctor angélico tiene una peculiaridad, propia de los genios: puede que no entiendas lo que dice pero cuando le lees no necesitas acudir al diccionario. Su forma es la sencillez, aunque en su fondo resulta complejo.

Por eso, lanzo esta recomendación: lean el Catecismo de la Suma Teológica, de Thomas Pègues, en edición de Eudaldo Forment, editado por Homo Legens. Es que se entiende todo, el libro y el sentido de la vida. No se traducen palabras, se traducen conceptos. Uno de esos libros que hacen exclamar: ¿Así que era esto

Y es que los mejores libros, los que puedan cambiar una vida, no figuran entre los vendidísimos. Este Catecismo pone al inaccesible Tomás de Aquino al alcance de todos.

Y si no, acudan a la biografía del Aquinate, obra de Chesterton. Con esta biografía yo entendí, por ejemplo, el significado de los mercados financieros.

Eulogio López

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