• Pero, por si acaso, pronuncia su solemne promesa en un 'of the record', durante el viaje a Japón.
  • En agosto, acogotado por el caso Bárcenas, a punto estuvo de abrir el 'segundo sobre'.
  • En cualquier caso, todavía no hemos llegado a mitad de legislatura.
  • En Moncloa, la doctrina es que el Gobierno es la única institución estable ahora mismo en España y que nadie debe moverse.
  • Cospedal tendrá que esperar.

Mariano Rajoy aprovechó su reciente viaje a Kazajistán y Japón para advertir a un grupo de periodistas, 'off the record' que no habría crisis de Gobierno hasta final de legislatura.

Se cuidó mucho de hablar de crisis, no de remodelación, lo que probablemente tendrá que afrontar para las elecciones europeas, autonómicas o municipales que tendrá que afrontar previamente. Pero unos comicios pueden exigir sacrificar a un ministro sin que parezca una crisis.

Vamos, que Rajoy no abrirá el segundo sobre, según la vieja historia de aquel presidente norteamericano que le dejara tres sobres a su sucesor para que los abriera cuando tuviera dificultades. Las dificultades llegaron, abrió el primero y se topó con la siguiente leyenda: "Échale la culpa al anterior, a mí". Más dificultades y el nuevo presidente se vio obligado a abrir le segundo sobre.

"El culpable no eres tú, es tu Gobierno: cámbialo". Y si tampoco el segundo daba resultado, el tercero aconsejaba: "Prepara tres sobres para tu sucesor". Pues bien, Rajoy sigue en el primero. Lleva dos años echándole la culpa de lo que ocurre a Zapatero, pero no quiere abrir el segundo, no sea que se tampoco funcione la cosa y se vea obligado a abrir el tercero.

Lo cierto es que, como ya informara Hispanidad, Rajoy estuvo a punto de forzar su primera crisis de Gobierno, acogotado como estaba por el caso Bárcenas. Pero no. Por el momento, Cospedal, que ha sido la abanderada del cambio de Gobierno -en esto coincide con su adversario, Javier Arenas- tendrá que esperar.

La doctrina en Moncloa es que el Gobierno es hoy el factor de estabilidad en una España asolada por la crisis económica, por la tendencia radical de la izquierda, que ha conquistado la calle y se ha aliado con los antisistema, y por los nacionalismos, especialmente el catalán. Con la monarquía en el alero y la economía estancada, el Gobierno no puede permitirse el lujo de hacer cambios de envergadura, por más que algunos ministros estén quemados o se sientan quemados en su cargo.

Eulogio López

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