Se lo voy a explicar. La progresía ha cambiado mucho en estos años. Cuando la Rusia de los soviets Moscú era una dictadura sí, pero muy apetecible. Era una dictadura de los pobres, de los suyos, porque el progre aspira a ser rico pero un vez forrado nunca se olvida de la causa de los menesterosos. No les ayuda, cierto, pero nunca deja de reivindicarles.

Los hechos son estos. Al parecer. Un caucásico mata a un ruso eslavo y la policía actúa según el modelo Putin: si detengo a 1.000 inmigrantes  caucásicos es muy probable que dé con el asesino y, en cualquier caso, calmaré al personal que anda un poco cabreado.

Según el corresponsal de RTVE en Moscú ésta es una palpable muestra de racismo, que rima con nacionalismo, que rima con populismo y que no rima con ultraderecha rusa pero casi.

Y es que el objetivo a batir por la progresía una par de décadas atrás era Estados Unidos, pero ahora está regido por un tipo progre-capitalista como Obama, más bien ateo, y entonces las salvas se han vuelto lanzas (para los rusos) y las lanzas salvas (para los gringos). Ahora que Rusia es una democracia, el malvado es Putin.

En el Canal 24 horas la cosa fue a más. La responsable de Internacional, que debió observar con mucha pena la caída del Muro de Berlín, entrevista a su colega, la ex corresponsal de Moscú, Anna Bosch, convencida de que el último demócrata que existe en el mundo se llama Obama.

Nos explica que la brutal represión contra la inmigración la tiene el racismo eslavo. Mientras ella cana las excelencias de los chechenos y lo malo es que son los nacionalistas ultras rusos, el realizador rotula con una de sus frases geniales: "Los rusos étnicos llaman a los inmigrantes del Cáucaso, negros". Por si no lo habían cogido, que el espectador a veces es un poco tonto: "Los eslavos rubios llaman negratas a los caucásicos que, según la ecuánime Bosch "son de aspecto mediterráneo" (muy cierto, la raza caucásica es eso: la raza blanca).

Pero como ambas periodistas, la entrevistadora y la entrevistada hablaban en la misma onda, se retroalimentaban mutuamente, y llega un momento en el que a Doña Anna se lanza por el tobogán y recuerda que los prejuicios de los rusos eslavos han crecido con "los atentados atribuidos a los chechenos". ¿Cómo que atribuidos Los asaltos a colegios llenos de niños, a teatros, las explosiones de coches bomba en Moscú, el secuestro y asesinato de ciudadanos rusos en  el Cáucaso, ¿no fueron reivindicados por fundamentalistas chechenos ¿Cómo que atribuidos

Y luego la guinda. Anna Bosch ya se había lanzado por la pendiente comecuras al recordar, ¡ay dolor!, que los pálidos eslavos -los malos- son cristianos ortodoxos, mientras los pobrecitos caucásicos, los negros son musulmanes. Do you understand

¿Tiene que ver algo de todo esto con la religión, Anna

Y Anna responde, solícita que, naturalmente que sí. ¿Acaso no ha hecho Putin de la religión unos de los fundamentos de su nacionalismo

Acabemos: los malos son los cristianos, los buenos son los musulmanes. Y si para ello hay que hacer pasar a Putin por un fervoroso practicante, pues lo hacemos y en paz.

Eulogio López

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