Si la diferencia entre el mundo civilizado y el Tercer Mundo la representan el estadounidense Barack Obama y el venezolano Nicolás Maduro… entones ya sé cual es la frontera de la civilización: entre la majadería y la chulería.

El follón venezolano entre Maduro y Capriles me recuerda al episodio de Asterix en Córcega, cuando los peculiares corsos, le explican a nuetro héroe el democrático sistema electoral vigente entre las tribus isleñas: Primero se vota y "una vez que las urnas están llenas las tiramos al mar y, después, es el más fuerte quien gana. Una costumbre de aquí".

El bolivarianismo  primero inviste al presidente y luego cuenta los votos emitidos para el nombramiento de presidente. Una costumbre de allí. Y en el entretanto, siete muertos en las calles.

Vamos con USA. Felicitar al pueblo norteamericano y denunciar a su máxima autoridad. La felicitación: qué envidia me produce, una vez más, ver a los norteamericanos unidos ante la desgracia, como en el 11-S. Si nos atacan, no hay republicanos ni demócratas.

Comparen el 11-S o los atentados de Boston con nuestro 11-M español, que casi acaba en guerra civil. Comparen la reacción de los republicanos con las cartas envenenadas enviadas al presidente y al senador demócrata Carl Levin o las de los demócratas con las remitidas a los senadores republicanos Roger Wicker y Richard Shelby. Igualito que la cínica actitud de los socialistas españoles con los escraches que sufren en el Partido Popular. España sólo tiene un problema: es un país cainita.

Ahora bien, respecto a su presidente Obama… Su sermón en la catedral católica de Boston apestaba a demagogia. Precisamente en la catedral católica, Obama, el presidente más cristófobo con el que haya contado América.

Y, a renglón seguido, su utilización demagógica y chulesca, todo en uno, de las víctimas de asesinatos violentos para reprochar a los republicanos que hayan votado contra su proyecto de ley de reducción de armas de fuego. Utilizar el dolor de las víctimas, invitándole a la Casa Blanca para darles palmaditas. Obama utiliza el patriotismo norteamericano en su propio beneficio partidista.

Vamos, que no sé si me quedo con Maduro o con Obama. Me lo tengo que pensar.

Eulogio López
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